Uno de los parajes del norte de la península más espectaculares que conozco es el de las Bardenas Reales. Las Bardenas son un “semidesierto” situado en el extremo sureste de la comunidad foral de Navarra. Se caracterizan por su clima muy seco de carácter continental con temperaturas muy altas en verano y muy frias en invierno. Las clasificaciones son engañosas a la par que subjetivas: el que se denomine semidesierto a las Bardenas está en función de varias variables, entre ellas, el índice de precipitaciones anuales. Llover llueve, de eso doy fé, ya que en esta ocasión que las visité de nuevo llovía bastante (finales de diciembre de 2017), pero la naturaleza peculiar del suelo y las rocas (arcillas, yesos y, en menor medida, areniscas) condicionan la absorción del agua en el terreno. Tenemos entonces un secarral, mayormente arcilloso, con escasa vegetación de tipo matorral que sobrevive a duras penas. Un desierto amarillento-rojizo que me recuerda algunas zonas del Atlas marroquí.

El Castil de Tierra. Una formación geológica singular, producida por erosión diferencial, de visita obligada en un viaje a las Bardenas.




