Zumaia, el flysch y el fin de una era (y el principio de otra…)

El el pasado me dediqué a lo que se denominan bioeventos; es decir, a aquellos episodios extraordinarios que marcan pautas puntuales de extinción (y posterior regeneración) de las especies que han vivido en la Tierra. Se suele hablar de la extinción del final del Cretácico como de “gran extinción”, pero haberlas hubo más y con momentos realmente muchísimo más críticos en la historia de la vida en la Tierra (por ejemplo, la extinción del Pérmico acabó con el 95% de las especies marinas y con el 70% de las especies vertebradas terrestres).

La del final del Cretácico, justo en el límite del Cretácico con el Terciario (K/T o K/Pg), es llamativa por efecto del meteorito que impactó en la Tierra y que produjo la extinción de los dinosaurios (aunque hoy se sabe que alguno sobrevivió). El que los grandes reptiles se extinguieran permitió que unos pequeños oportunistas supervivientes evolucionaran rápidamente y se diversificarán. Eran los mamíferos y, por ello, estamos ahora aquí.

Las rocas del flysch de Zumaia se sumergen en el mar Cantábrico.

El impacto del meteorito en las inmediaciones de lo que es hoy la península de Yucatán debió ser de escala cataclísmica. De repente, un meteorito de unos 10 a 20 kilómetros de diámetro, impactó sobre la atmósfera comprimiéndola brutalmente y sobre la superficie del mar y su fondo; todo en prácticamente un instante. La cantidad de energía que se liberó de forma fulminante en el choque equivale a la de centenares de millones de megatones. Inimaginable.

Las temperaturas que de alcanzaron fueron de varios millones de grados. La materia se convirtió en plasma. La onda sónica del impacto debió dejar sordos a los dinosaurios en todo el mundo. La atmósfera era un caos de corrientes ardientes, polvo, plasma, vapor de agua, compuestos químicos, etc… El apocalípsis se queda muy corto.

El flysch de Zumaia. Estratos con forma de hojaldre

Las altas temperaturas incendiaron bosques en todo el mundo. Las especies marinas debido a la ondas marinas del impacto, sucumbieron masivamente. También, tras una lluvia ácida posterior al impacto, el plancton marino (la base de la pirámide trófica en el mar) quedó arrasado. Los tsunamis que se generaron alcanzaron todas las costas y las olas, de varios kilómetros, de altura arrasaron las áreas continentales.

Millones de toneladas de polvo y cenizas de los incendios quedaron en suspensión en la atmósfera impidiendo que la luz del sol llegase a la superficie. Una Tierra oscurecida. Llovió. La lluvia disolvió los gases producidos en el impacto y se produjeron ácidos. Esa corrosiva lluvia cayó sobre los vegetales supervivientes que se quemaron por los ácidos. Por si fuese poco, las cenizas y polvo formaron una película sobre las plantas lo que, cuando hubo luz, impidió la fotosíntesis y murieron.

¿Qué comían las especies herbívoras?. Nada. ¿Qué comieron las especies carnívoras?. Nada, no había herbívoros… Los carroñeros, nuestros ancestros mamíferos, se lo debieron pasar “pipa”; tenían la talla y el modo de vida como para no extinguirse.

El límite K/T en Zumaia, País Vasco. La línea roja marca la posición de la capa de arcillas (unos 2 ó 3 centímetros de espesor) y, por tanto, la posición del límite K/T. Esa capa es un cronohorizonte; es decir, tiene exactamente la mima edad en todos los puntos de la Tierra donde aparece.

Cuando las cosas “se calmaron” el polvo y las cenizas que estaban en la atmósfera comenzaron a caer y sedimentarse a lo largo de todo el mundo. Esto originó una delgada capa de arcillas oscuras (el carbón de los vegetales que ardieron) que se observa en muchas partes de la Tierra. Estas arcillas marcan el límite entre dos grandes eras: El Mesozoico y el Terciario. Un cambio profundo en la biota de la Tierra.

Zumaia es uno de los puntos de la península Ibérica en las que se puede ver el límite entre eras y la capa de arcillas posterior al impacto. Las capas hojaldradas del denominado flysch dan paso, de forma repentina, a una sedimentación de calizas. Flysch y calizas están separados por la capa de arcillas.

Es el registro singular de un episodio crítico de la vida en la Tierra. No es casi nada…

 

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