Holst: los planetas

Esta foto y la de la entrada anterior forman parte de pequeños detalles de la decoración de una finca -cercana a mi domcilio- en la que se celebran bodas. En el deambular por las instalaciones me fui fijando en elementos singulares que me llamaron la atención y, entre ellos, estas luces colgantes que me recordaron -en primera instancia, que diría un jurídico- la sinfonía de Holst dedicada a los planetas. No suenan ni forman escala pero, con imaginación, uno pone las notas…

Perseidas

Desde hace muchos años tengo la intención (siempre se queda en eso) de ver una lluvia de estrellas desde lo alto de un monte, lejos de cualquier núcleo urbano. Dentro de poco, en agosto, vendrán a su nueva cita anual las Perseidas y su pico de intensidad será entre el 11 y el 13. Mucho me temo que este año tampoco las veré en directo pero, como sucedáneo, el otro día he visto esto:

No se conforma quien no quiere…

Nueva vida

Allí, en el valle, se paseó la parca, pero en lo alto de los montes se generó nueva vida. La vida lucha para establecer su ciclo.

Dentro de un repetidor abandonado de telefonía, en lo alto de los Montes Obarenes (Burgos), una pajarita y su pareja construyeron un nido en el interior de un cuadro eléctrico. Había visto el nido en los días anteriores y tenía los huevecillos blancos sin eclosionar. Este día ya habían nacido tres de los cinco futuros polluelos. Como no, os deseo mucha suerte majos.

Trigo

Ya falta poco para que los campos de Castilla adquieran su color dorado. Hoy son verdes todavía y las últimas lluvias han sido beneficiosas para la próxima cosecha. El grano ha engordado y al menos, en gran parte de la Bureba, se espera una cosecha récord.

El telégrafo

Salpicando el paisaje y emplazadas sobre oteros o colinas se encuentran unas curiosas edificaciones con forma de torre. Se podrían confundir con restos de algún castillo o, quizá, con las ruinas de un antiguo molino de viento. Quien haya leido la apasionante novela de Alejandro Dumas titulada “El Conde de Montecristo” sabe de qué se trata: torres del antiguo telégrafo de señales. La posición de unos brazos articulados determinaba las letras de un mensaje codificado que se transmitía íntegro y de torre en torre a la vista a través de largas distancias. Servían tanto para transmitir órdenes al ejército como para transmitir otro tipo de informaciones: los movimientos de bolsa, por ejemplo.

 

En la novela de Dumas el telégrafo sale citado muchas veces, pero hay un genial párrafo descriptivo sobre él:

Torre del telégrafo en la línea Madrid-Irún situada en las proximidades de Miranda de Ebro (Burgos).

-En verdad, señora -dijo Montecristo-, no sé si me atreveré a deciros dónde voy.

-¡Bah! No temáis.

-Pues voy a visitar una cosa que me ha hecho pensar horas enteras.

-¿El qué? -Un telégrafo óptico. -¡Un telégrafo! -repitió entre curiosa y asombrada la señora de Villefort.

-Sí, sí, un telégrafo. Varias veces he visto en un camino sobre un montón de tierra, levantar- se esos brazos negros semejantes a las patas de un inmenso insecto, y nunca sin emoción, os lo juro, porque pensaba que aquellas señales extrañas hendiendo el aire con tanta precisión, y que llevaban a trescientas leguas la voluntad desconocida de un hombre sentado delante de una mesa, a otro hombre sentado en el extremo de la línea delante de otra mesa, se dibujaban sobre el gris de las nubes o el azul cielo, sólo por la fuerza del capricho de aquel omnipotente jefe; entonces creía en los genios, en las sílfides, en fin, en los poderes ocultos, y me reía. Ahora bien, nunca me habían dado ganas de ver de cerca a aquellos inmensos insectos de vientres blancos, y de patas negras y delgadas, porque temía encontrar debajo de sus alas de piedra al pequeño genio humano pedante, atestado de ciencia y de magia. Pero una mañana me enteré de que el motor de cada telégrafo era un pobre diablo de empleado con mil doscientos francos al año, ocupado todo el día en mirar, no al cielo, como un astrónomo, ni al agua, como un pescador, ni al paisaje, como un cerebro vacío, sino a su correspondiente insecto, blanco también de patas negras y delgadas, colocado a cuatro o cinco leguas de distancia. Entonces sentí mucha curiosidad por ver de cerca aquel insecto y asistir a la operación que usaba para comunicar las noticias al otro.