El castillo de Montalegre y “a Raia”

Un viaje por el entorno de “a Raia“(la frontera) entre Galicia y Portugal es algo realmente agradable. El paisaje y la naturaleza virgen dominan el ambiente y, solamente, puntuados aquí y allá, aparecen pequeños pueblos y lugares. A Raia fue desde su origen un territorio disputado a lo largo de la historia y abundan -más desde el lado portugués- los fuertes y los castillos. Ello quizá da idea de quienes, en su época, eran “los malos”.

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Erosión

Cuando era estudiante de geología tuve un libro titulado Geomorfología cuyo autor era M. Derruau. Era un libro de esos que prestas y, al pasar el tiempo, ni te acuerdas ni cuándo ni a quién se lo prestaste por lo que desaparece de tu vida para siempre.

El caso es que mi memoria siempre retuvo la imagen de portada del libro en cuestión. Se trataba de una foto de la erosión de unas arcillas que generaba un paisaje “atormentado” espectacular.

En mi vida profesional o lúdica nunca había visto un ejemplo tan claro de la erosión que ilustraba el libro hasta el otro día. Sucedió en Portugal, cerca de Samaiões, al sur de Chaves. Se trata de un tejera en la que la arcilla, empleada para la fabricación de ladrillos, se explota y se acumula al lado de una carretera local. Sobre ella, la acción del agua de escorrentía, ha labrado -a pequeña escala- surcos y canales separados por aristas agudas. El conjunto ofrece una vista espectacular -al menos para mi- de este tipo de erosión en terrenos blandos. Me gustó verlo.

“Salvemos o Faro” – Salvemos el Faro

Parece una situación planteada por Groucho Marx. Cuando vi el faro de Lariño, abandonado él, y la pintada en un muro que ponía “Salvemos o Faro” mis ojos no daban crédito. Un faro es para salvar vidas, no para que lo salvemos a él. Un bonito faro que, seguro, sirvió de guía a los marineros, les dió esperanza y les salvó en alguna situación, sufre un ignominioso corredor de la muerte. Ya lo sabemos, en este país se abandona el patrimonio, se deja que se hunda y, luego, si se le cruza el cable a alguna administración, se reconstruye a partir de sus ruinas.

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Piedras con encanto (y mensaje)

Hay piedras y piedras. Las hay como en las que en Galicia llamamos “coídos“, que no son otras que las que forman playas pedragosas cuyos cantos son grandes y redondeados (praias de coídos). El mar, en su infinita paciencia, las ha ido erosionando y dándoles la forma redondeada que poseen. Este tipo de piedras abundan en toda la costa gallega y confieren al paisaje un aspecto singular.

“El mar duerme y espera”

Lo que no sabía es que existe una playa de coídos en la que sus elementos han servido de expresión artística; muchos han sido coloreados otros, en cambio, poseen una frase, una sentencia añadida o no a su color.

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Va de metros…

Por haber hay dos hórreos en Galicia que compiten por ser los más grandes: el de Lira y el de Carnota, ambos en la provincia de La Coruña. Son vecinos y bien avenidos. En sus carteles explicativos evitan decir si uno u otro es el más largo o el de más capacidad. Pese a esa falta de definición que roza lo políticamente correcto, se olvidan de decir que hay un tercero en litigio: el hórreo de Araño, en la provincia de Pontevedra, que resulta ser el ganador.

El hórreo de Carnota.

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