La Bureba: las hoces de Ventosa y Silanes

Entre las rocas del primer y segundo plano está la hoz de Ventosa.

La comarca burgalesa de La Bureba es prácticamente una llanura que choca, en su parte norte, con los montes Obarenes. Previo a ese contacto llanura-montaña hay una pre-cordillera, de escasa altitud, que discurre paralela al mismo y que limita una pequeña superficie ondulada. En la pre-cordillera, formada por calizas cretácicas, hay dos pequeñas hoces que permiten el paso entre una parte y otra: Ventosa y Silanes. Son zonas con agua abundante, por lo que la vegetación prácticamente se convierte en vergel. En verano, con el calor castellano, son zonas muy agradables ya que embocan el viento y se convierten en lugares frescos. Una de las hoces, la de Ventosa, tiene una cierta historia. Por una parte, al pie de las rocas, hubo un pueblo (Ventosa) que desapareció por completo en algo más del último medio siglo. Quedan, entre la maleza, restos ruinosos de la iglesia, con su arco interior, y mampostería de las antiguas viviendas. Además, en Ventosa, habitó un pueblo de origen prerromano de la tribu de los autrigones cuyo bastión defensivo fue lo alto de las escarpadas rocas que limitan la hoz.

El acceso a la pequeña hoz de Silanes.

La máquina matadrones

No era mi idea el titular de esta forma la entrada, me lo sugirió un amigo. Simplemente pensaba poner un par de fotos de una cosechadora ya que estos ingenios me llaman la atención por su forma y dimensiones.

Hay que retroceder dos meses y medio en el tiempo y trasladarnos a La Bureba (norte de Burgos). Volaba un drone y él solito se me escapó. Quedó fuera de control. Vi impotente como se marchaba, volaba por encima de un pueblo y desaparecía detrás de él. Hace hoy cuatro días apareció en una finca de trigo que estaban cosechando y, las cuchillas de la cosechadra, le pasaron por encima. Quedó literalmente desmembrado aunque muchas piezas resulta que están operativas (controladoras internas, motores, GoPro, cardán y la batería). Algo es algo…

El mecanismo de corte plegado. Son elementos con más de 10 metros de longitud.

La que mató a mi drone pudo haber sido tranquilamente la cosechadora de la foto. El ingenio descansaba en el centro del pueblo listo para volver a los campos de trigo. Cuando el conductor lo controla me recuerda la novela de Herbert George Wells “La guerra de los mundos” y la película del mismo nombre. Son aparatos grandes, muy grandes, controlados por un hombrecillo que va en su carlinga. Poseen cortes de 10 metros o más de largos y se mueven lenta e inexorablemente por los campos de trigo. Los tractores con sus remolques esperan pacientemente a que las cosechadoras llenen sus depósitos con el grano y, luego, lo vierten en los remolques. Tras ello a continuar cosechando en esa u otra finca en un trasiego que dura un mes y medio.

Bueno, el aparato marciano encontró mi drone. Hay que conformarse.

Caballos losinos

Para no perder la costumbre una nueva foto de esta noble y peculiar raza de caballos; los caballos losinos. Su nombre viene de que son originarios del valle de Losa, en Burgos, siendo los ancestros del caballo cimarrón americano. Actualmente hay una cabaña de 240 caballos en Pancorbo (norte de Burgos) donde campan en semi libertad por las cumbre de los montes Obarenes. Es bonito acercarse a ellos y contemplarlos.

El vuelo del Fénix

Tengo un drone, un DJI Phantom 2 que voy volando menos que más acertadamente. Pese a que su vuelo es pausado carezco -espero que por el momento- de la habilidad necesaria para controlar sus dos mandos con cierta elegancia. Nunca he manejado videoconsolas por lo que mis dedos pulgares, de vez en cuando, se quedan agarrotados intentando comprender las órdenes aturulladas que les llegan desde mi perplejo cerebro.

El faro de Punta Nariga

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El Estado Islámico en el Atlas marroquí

 

Mi esposa y yo disfrutábamos de un espléndido viaje por el Atlas marroquí visitando pequeños lugares antes de acercarnos a la colosal cordillera. En una explanada, cercana a un pueblo, paramos a tomar una infusión y, al salir, vimos que llegaban a toda pastilla unos 7 todoterrenos en los que en alguno de ellos iban montadas metralletas de gran calibre. Alucinados vimos que portaban las banderas del ISIS. Eran vociferantes y se organizaban según bajaban de los vehículos. El estado de “pasmo” de mi mujer y mío propio cambió rápidamente a un estado de inquietud y alarma real. Pasaron varios segundos y aparentemente no pasaba nada hasta que llegó la policía, cortó la carretera, y -con cierta sorna- me indicaron que dejase de tomar fotos, que no se podía… estaban filmando una película.

El susto, de verdad, fue morrocotudo.