La ruta del río Cares

La famosa ruta del río Cares (León-Asturias) no es más que una vía de servicio de un canal que transporta agua desde Caín (León) hasta la central eléctrica de Puente Poncebos (Asturias). Se comenzó a construir en 1916 (con una reforma a principios de los años 50) y, en conjunto, la obra representa una colosal aplicación de la ingeniería. Tanto el canal, que muchas veces transcurre por túneles excavados en la compacta caliza de los Picos de Europa, como la vía de servicio fueron hecho a puro barreno y dinamita. La dificultad del proyecto es observable a simple vista: una garganta muy estrecha en muchos tramos y unas pendientes que muchas veces son cercanas a la vertical; si a esto unimos el que no existían accesos de ningún tipo nos hará comprender la magnitud de la obra.

El inicio de la ruta del Cares en su lado leonés.

La longitud de la ruta es de unos 11 kilómetros y discurre prácticamente paralela al canal de agua. Es muy sencilla de hacer ya que su trazado es casi coincidente con una curva de nivel. A su final (o principio, según se comience) hay una larga cuesta muy cercana ya a las localidades asturianas de Camarmeña y Puente Poncebos.

El río Cares en su trayecto haca Asturias.

Particularmente, siempre hice la  ruta en el sentido de «aguas abajo»: es decir, de Caín a Puente Poncebos. Esta preferencia viene motivada por la belleza del leonés valle de Valdeón, en cuyo extremo norte se localiza Caín. También, el valle de Valdeón, está menos masificado turísticamente que la zona asturiana.

Hacia el final de la ruta relativamente cerca ya de Puente Poncebos. A la izquierda de la garganta el macizo occidental de los Picos de Europa. A la derecha el macizo central.

Hace muchos años (hablo de hace más de 40 años) la ruta del Cares era eso que se llama un «remanso de paz». Uno podía hacerla casi en soledad cruzándose de pascuas en ramos con algún que otro viandante. Eso invitaba a la reflexión y a la contemplación tranquila del soberbio paisaje. Hoy en día es literalmente una romería. Tanto en invierno como en verano la ruta está masificada. Es bueno que se disfrute de la naturaleza pero es peligroso. Hay tramos estrechos en los que un choque fortuito, un tropezón o un resbalón pueden provocar una caída de 400 metros en vertical «pelada». De cuando en vez hay algún despeñado (no muchos, afortunadamente). Este verano una mujer desgraciadamente cayó al vacío. Un lamentable suceso.

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