Sin duda, mi mejor compra en 2017 ha sido una impresora de etiquetas Brother QL-570. Pertenece a una familia de etiquetadoras económicas que se pueden conseguir a precios extremadamente baratos en el mercado de segunda mano; de hecho, acabo de ver a la venta hace unos minutos una QL-560 a 20,50 euros en la tienda «on line» donde compré la mía).
Esta impresora me ha permitido hacer con extrema sencillez los rótulos o cartelas de mis exposiciones (o de las de algún amigo). Imprime sobre etiquetas adhesivas continuas o precortadas. Solo imprimir, pegar en una base y listo. Su programa de gestión (el editor de etiquetas) es extremadamente intuitivo y del tipo «Word». Se pueden incluir imágenes (fotos, logos, etc…) en las etiquetas o códigos del tipo QR o de barras que genera el mismo programa.
No solo la uso para las cartelas. También para rotular carpetas, imprimir direcciones para envíos o lo que me haga falta. Además sus bobinas de etiquetas son baratas y mucho más si son compatibles (las que uso normalmente).
Se trata de una herramienta de gran ayuda, que no ocupa sitio y que me ha facilitado muchas cosas de forma sencilla.





