Por Santiago de Compostela

No hay nada comparable a pasear por la noche por las calles de Santiago de Compostela. Las sensaciones se magnifican si es en invierno, cuando los callejones se encuentran solitarios  y la humedad impregna los suelos de piedra del casco antiguo. Todo es piedra, todo es magnificente. Recuerdo la soledad de pasear por Santiago en un crudo invierno en mis años de estudiante: la plaza del Obradoiro y la catedral que perdía sus torres en la niebla. El orballo mientras paseaba por la “rúa do Villar” y la lluvia en la alameda mientras caminaba hacia el viejo campus. Santiago sigue igual; entrañable y acogedor. Sugerente y ensoñador.

El claustro de Fonseca. En la foto superior la figura sedente de Alfonso III de Fonseca en su perpetuo cavilar.
La “rúa do Villar”
Pazo de Raxoi en la plaza del Obradoiro
Rúa de Fonseca
Avenida de Juan XXIII

 

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