La pasarela no era Cibeles y, además, era muy corta: el techo de un coche. Ahí la descubrió María Porta que dijo algo así como «mira la gaviota» y yo, pánfilo, miré hacia el cielo donde había más de un centenar de ellas. Primera sesión de estudio con María: gaviota por delante y por la cola, hacia la izquierda y la derecha, mira para aquí y mira para allá. Segunda sesión conmigo: mira cómo giro el cuello y mira cómo te miro. La verdad es que se trata de un Juan Salvador paciente y entregado a la fotografía. Imperturbable ahí siguió soleándose encima del coche. Si lo hubiese sabido habría llevado un pescadito en el bolsillo.
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