El mal del siglo XXI

Acabo de regresar de comer en un lugar que nunca se me habría ocurrido. Me lo recomendó una amiga y acertó con el sitio ya que la comida -casera- estaba como tenía que estar: buena y barata para la calidad del producto. El sitio, una casa de comidas tradicional, se llama «Cosmoba» y está en la céntrica calle coruñesa del Orzán, en su extremo próximo a la plaza de Pontevedra.

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Nada de aceite requemado, de ese multioloroso con aires de pescado. Todo pulcro y las raciones muy abundantes. Gente no mucha pero la suficiente.

En cuanto me senté empecé a recrear la mirada por el ambiente y me llamó la atención una cosa: las mesas estaban ocupadas por solitarios. Personas mayores con porte digno que salpicaban por aquí y por allá el comedor. Un hola y un adiós que denotaban conocimiento entre ellos. También me sorprendió que una vecina de mesa llevaba su bolsita de plástico con tarrinas; de las raciones guardaba la mitad imagino que para la cena.

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Incluso la camarera, atenta, listaba de viva voz y lentamente los difrentes platos del menú. Está acostumbrada a tratar con gente mayor que necesita escuchar y comprender lo que se le dice. Un arte.

Es un ambiente que desconocía por completo: el que refleja de primera mano la soledad de las personas. Es el que llaman el «mal del siglo XXI». En él estamos y no me falta mucho…

Texto e imágenes © 2007-2022 Román Montesinos, salvo indicación expresa. Todos los derechos reservados. All rights reserved.

4 comentarios en “El mal del siglo XXI

  1. EA1DPU

    Me ha gustado el breve relato de ese restaurante próximo a la Plaza de Pontevedra que describe esos lugares que suponía perdidos en la noche de nuestros recuerdos, muy lejos de nuestro presente cada vez más masificado y artificial. Es que los que nacimos -pluralizo- en el 52 recordamos todavía esos ambientes cada vez menos habituales. Diez puntos para Vuecencia.
    José Luis – EA1DPU

    1. Román Montesinos Autor

      Gracias José Luis. Lo que es el ambiente -como tal- tiende a desaparecer, tal como escribes. Desafortunadamente el otro ambiente, el de las personas solitarias, se incremente. Un abrazo!

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