Archivo de la categoría: Paisaje

Grúas

Siempre que las veo en el puerto de La Coruña me recuerdan unas gigantescas cigüeñas reflexivas o, quizá, unos caballitos de mar. Jirafas de apariencia bonachona, cabizbajas y sin cuernecillos, esperan pacientemente su sacrificio en el momento en que entre en uso el Puerto Exterior y en el que los muelles en que se ubican ahora entren a formar parte de la vorágine especulativa de unos terrenos libres. También me pregunto si Orson Wells se inspiró en esas portentosas máquinas para su emisión de «La Guerra de los Mundos«. En todo caso, espero que se las indulte tras tantos y tantos años de servicio; desde épocas en que, de la mano de mi padre, paseábamos por el puerto y yo las miraba con profundo temor y reverencia.

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Amanece en Picos de Europa

Picos de Europa es un entorno privilegiado. Las altas cumbre de los macizos calcáreos contrastan con los verdes valles y majadas que puntúan su geografía. La zona leonesa de Picos es la menos afectada por el turismo; la más virgen. El Valle de Valdeón con sus pueblos: Posada de Valdeón, Soto de Valdeón y otros o, más abajo del curso del río Cares, Cordiñanes o Caín con sus rutas cuyo paisaje nos empequeñece. Más arriba, en los macizos, te puedes encontrar contigo mismo en la soledad más absoluta o, quizás, con la única compañía de los esquivos y ágiles rebecos que saltan de roca en roca en piruetas de vértigo.

La foto, desde el puerto de Panderrueda, muestra en su centro la cumbre denominada Torre Bermeja llamada así por el color rojizo que adquiere al atardecer. Esas montañas flanquean el Valle de Valdeón por el oeste y forman uno de los bordes del denominado Macizo Occidental cuya cumbre más alta es el Peña Santa de Castilla.

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Cardos

Como colofón a la serie de nieblas que vengo publicando en el blog no podía faltar una foto de unos cardos (borriqueros). Es una planta que me atrae. Parecen siempre «atormentados» en el sentido figurativo francés y se integran perfectamente en el paisaje. Desde los solitarios a los agrupados, verdes o secos, helados por la escarcha o no, siempre son fotogénicos. Un recuerdo para ellos.

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Paisaje

Hay dos sitios especiales -bastante distante uno del otro- a los que me gusta acudir para hablar conmigo mismo. Uno es el faro de Punta Nariga, en las inmediaciones de Barizo (Malpica),  y otro es el lugar de la foto que acompaña esta entrada: el alto del Monte de Pancorbo (norte de Burgos). Ambos comparten frecuentemente el mar, pero en el último caso se trata del “mar de nubes”. Es un bello paraje en el que constantemente la soledad acompaña a uno y se traduce en instantes de introspección; esos que siempre son necesarios. En Punta Nariga el rugido del viento y el batir de mar, y en Pancorbo solamente el viento, forman exclusivamente el acompañamiento a mis pensamientos.

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Un globo, dos globos…

Estos días atrás, en un gélido amanecer burgalés, me cogí el equipo fotográfico y me dirigí a lo alto de los Montes Obarenes, lugar desde donde se contempla un paisaje siempre espectacular. La pista, de unos 8 Km, que conduce a lo alto era todo puro hielo de la intensa escarcha depositada por la noche. Con cuidado y siempre pisando con las ruedas por las zonas de grava, llegué a lo más alto donde hacía una temperatura de -7º C. Mereció la pena ya que había «mar de nubes» en el amplio valle de Miranda de Ebro; la niebla cubría todo el fondo en bastantes kilómetros alrededor. Centrar la vista siempre me lleva un rato, y una vez más o menos calibrada noté dos motas en el cielo… Con la vista empañada por el frío froté los ojos y ahí seguían exactamente en el mismo sitio. ¿Qué es eso?… ¿Avutardas?. No, eran dos globos que se alzaban estáticos sobre el valle de Miranda. La verdad es que me dieron envidia ya que el paisaje que podrían estar contemplado desde ellos tenía que ser magnificente. Habrá que ir pensando en un alquiler de globo, para una «subidita», en otro viaje que haga a la zona…

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