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Las Fragas do Eume.

Fraga, en gallego, da nombre a un lugar con una vegetación densa que nace espontáneamente; es decir, lo que en castellano se aproxima bastante al concepto de bosque. Hay algo más: la magia de las «fragas» con sus ríos, molinos ruinosos, sus nieblas y sus historias. Suelen ser lugares silenciosos, no más que aquellos ruidos que producen el viento y algunos pájaros que los habitan.

Hay unas fragas muy conocidas situadas entre La Coruña y Ferrol: «As Fragas do Eume». Bordean por ambas orillas al río Eume que desemboca en la localidad cercana de Pontedeume. Alisos, chopos, castaños, robles y otros árboles nobles acompañan al Eume en su plácido descenso hacia el mar. Unas plantas que caracterizan a estas fragas son los helechos ya que son varias las especies relictas que ahí están presentes. Son supervivientes de otras épocas y que encontraron su acomodo y su refugio en el valle del Eume.

Eume

Es fácil ver al martín pescador brujuleando sobre las aguas. También, mucho mas esquivos, están el zorro, la gineta, el búho real, el gato montés y otros.

En la zona de la cabecera del largo valle del Eume se ubica un monasterio de origen románico: el monasterio de Caaveiro. Su entorno es magnífico. Rodeado de una densa vegetación se encuentra flanqueado por el Eume y un pequeño afluente en el que hay pequeñas cascadas y pozas. Ahí hay restos de molinos con gigantescas ruedas de piedra que la fuerza del agua arrastró en su día. Los musgos y los líquenes se encargan de dar al paisaje ese «toque» mágico que acompaña al lugar un día neblinoso en el que la niebla llora y empapa de agua la vegetación y las rocas del lugar.

Las Medulillas y el oro.

Quien más o quien menos sabe que existen Las Médulas, ese espectacular paisaje que generaron durante siglos los romanos aplicando sus técnicas de ruina montium. Los foráneos no saben tanto que existen Las Medulillas, en lo que casi es el límite sur de los Ancares leoneses. Uno y otro paraje no distan tanto entre si, y pertenecen al mismo sistema de extracción de oro en la zona del Bierzo.

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Un frío amanecer invernal en Las Medulillas.

Las Medulillas no son tan espectaculares como las Médulas, pero la ruina montium aplicada por los romanos generó zonas escarpadas donde los abigarrados sedimentos terciarios han quedado al descubierto. Tanto en uno como en otro sitio el agua canalizada se encargó de desmoronar el paisaje. El agua con los sedimentos se hacía pasar por pieles de oveja donde el oro, más pesado, quedaba retenido entre la lana. Luego quemaban las pieles y obtenían un concentrado de sedimento rico en oro. El mercurio -o la batea- se encargaban luego de obtener el oro.

Al ser geólogo conozco el lugar donde se concentra el oro. ¿Quieres saberlo tú?… Está en la pátina de óxidos que cubre los cantos rodados que caracterizan esos sedimentos terciarios. Ánimo, coge mula, pala y batea y a buscar oro.

El puente de O Burgo.

En el lugar en que las aguas del río Mero desembocan en su antiguo valle fluvial -inundado hoy por el mar- se erige un antiguo e histórico puente que une los municipios de Culleredo y Cambre (localidades de O Burgo y O Temple, muy próximas a la ciudad de La Coruña). De origen romano -de lo que no queda huella- posiblemente fue reformado en el siglo XII y vuelto a reformar en el intervalo de los siglos XIV o XV. Sobre él pasó la ruta romana denominada Per Loca Maritima que unía dos enclaves importantísimos en la primitiva Gallaecia: Braga y Lugo.

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Cecebre 08:15

Acaba de amanecer en el embalse de Cecebre (Cambre, La Coruña). Es el entorno en el que el genial Wenceslao Fernández Flórez escribió su novela «El bosque animado». Fendetestas y sus otros personajes ya se han retirado a descansar. Poco trabajo por la noche.

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Hace hoy 125 años: naufragio del HMS Serpent

Hace hoy 125 años, a las 22 horas, ocurrió una de las múltiples tragedias que puntean el litoral de «A Costa da Morte«. El torpedero de la armada británica HMS Serpent encallaba en una fatídica noche de fuerte temporal a unos metros de la denominada «Punta do Boi» (Punta del Buey) en Camariñas, en las cercanías de Cabo Vilán. Llevaba una tripulación de 176 hombres y solo se salvaron 3.

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El Cementerio de los Ingleses. Cabo Vilán.

Durante muchos días el mar estuvo arrojando a la costa los cuerpos de los marineros fallecidos, hasta un total de 142 que fueron enterrados en un cementerio que habilitaron para ellos: el Cementerio de los Ingleses, muy próximo a Cabo Vilán. Es el día de hoy que cuando un barco de la armada británica pasa por enfrente del lugar del accidente descargan una salva de artillería en recuerdo y en honor a los fallecidos.