Estas Navidades me di un paseo por el pequeño pueblo burgalés de Herrán y por su desfiladero. El paraje, agreste, es realmente muy bonito desde el punto de vista paisajístico e, incluso, el histórico ya que por el desfiladero discurría una calzada romana que se adentraba en los territorios de los austrigones (País Vasco en la actualidad).
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Soledades (III)
Soledad, es tan tierna como la amapola,
que vivio siempre en el trigo sola,
Sin necesidad de nadie, ay mi Soledad,
Soledad, es criatura primorosa,
que no sabe que es hermosa,
Ni sabe de amor ni engaños, ay mi Soledad…
En la foto se cumplen alguno de los contenidos de la letra de la canción «Soledad» de Emilio José. Es tierna con uno mismo y hermosa si se busca, el árbol se encuentra en tierra de cereales y, en primavera, esos campos se cubren de amapolas. Castilla es buena tierra para la búsqueda de esas soledades.
Soledades (II)
Mudo testigo del paso del tiempo y veterano de mil avatares solo un rayo lo doblegó. El árbol, entonces, extendió sus brazos al cielo en un grito de agonía cuyo eco aún resuena en el paisaje. El noble vegetal ha quedado enmudecido para siempre y ya, solamente, el viento siseará entre sus descarnadas ramas.
Ayer tocó León.
León es una ciudad que me atrae y de la que conservo grandes recuerdos y amigos. Ayer, de retorno para casa, tocó hacer parada en la urbe. Desde la Plaza de Santo Domingo, por la Calle Ancha, y siguiendo las huellas en bronce de la caliga romana que hay en su pavimento, llegué a la plaza de la magnificente catedral. El ambiente navideño era intenso en la ciudad y el centro estaba a rebosar de gente. Una vez más no pude resistirme a hacer una foto de la catedral.
Soledades (I)
La soledad, en su justa dosis, no es mala. Sin caer en la virtud, los paisajes castellanos invitan a esa soledad. Los inmensos campos de labor que, en estas fechas parecen eriales, en breve se tapizarán en el verde que anunciará una nueva cosecha. Puntualmente, aquí y allá, los árboles sobrevivientes a la concentración parcelaria puntean el paisaje. Están solos, pero rompen la soledad y la monotonía del paisaje.





