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¡Madre mía!

Me hizo gracia esta foto que capté ayer. Es una contingencia en un centro comercial de La Coruña, de esos megacentros en los que aparcas el coche y como te despistes un poco lo encuentras pasado mañana. Unas piraguas sirven de reclamo en la fachada de una de las tiendas para que sientas la imperiosa necesidad de comprar una y echarte al agua. Un persona avanza mirándolas (seguramente mirando sus altos precios) y otra se echa una mano a la cabeza como diciendo ¡madre mía, que grandes son! Pues eso, siente la llamada y pon una piragua en tu vida.

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Niebla.

Nieblas las hay de muchos tipos y la peor es aquella que nubla nuestros ojos y da entrada a la sinrazón. En este caso me referiré a aquella húmeda y fria que nos oculta a la vista un bello paisaje. Tal es el caso de la foto en la que, bajo la niebla, se oculta el magnífico paisaje y entorno del río Avia, en Ourense.

Era un día de los típicos de esta primavera en Galicia. Llueve un día si y otro también. Está claro que la lluvia y el agua son un regalo de la madre Naturaleza. Como no soy nada avaro prefiero que este regalo, por una temporada,  se lo lleven otros.

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Aquí están os nosos osos, agardando polos vosos.

«Aquí están os nosos osos, agardando polos vosos»  es una sentencia que aparece -más o menos versionada- en varios cementerios gallegos. El más famaso es el de Trobo (Begonte, Lugo) pero también hay otros como el de San Xoán de Alba, en las cercanías de Vilalba, también por Lugo. Este reclamo para nuestros huesos siempre me viene a la memoria cuando visito un cementerio; una costumbre que practico hace mucho tiempo ya que, en ellos, en los más antiguos, se recogen fielmente las tradiciones de un pueblo.

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El de la foto es el cementerio de Santa Eulalia de Batalláns (Pontevedra) y, en honor a la verdad, no tiene esculpida esa sentencia a su entrada. Lloviznaba en ese momento y la niebla estaba cercana atenazando el valle. Por él estuve dando una vuelta mirando las lápidas y los nichos. También de vez en cuando hacía alguna foto.

Una vez que recordé la frase pensé como siempre: «por el momento que sigan esperando»…

Exvotos.

Siempre me ha llamado la atención la inocencia de la gente, aquella que obra con buena fe. En las épocas que vivimos, todo mediatizado, las redes sociales, multimedia y demás, la gente se enfervoriza con una imagen hierática que sostiene a un Niño que -con perdón de quien me tenga que perdonar- parece un muñeco de guiñol. A esa imagen se encomiendan por unos favores que proclaman con su dávida que han recibido. El milagro, la vida, la curación… A euro y medio apilan exvotos de cera que representan miembros, efigies, estatuillas y otras cosas; eso si, todo reciclable. Prenden también velas y velitas a un euro. Está visto que el asunto aún vende. Es la fe que mueve montañas.

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Santuario de A Franqueira (Pontevedra).

Reflejos

Como bien sabe mi amigo Pepe Pérez, fotógrafo de reflejos y del que hablé en varias ocasiones en este blog, los reflejos son abstracciones deformadas de la realidad. El mar tranquilo, con un suave oleaje, es el generador de reflejos casi abstractos de todo aquello que quiere -o que debe- reflejarse. En este caso son los mástiles de las embarcaciones de recreo que dormitan en la dársena deportiva del puerto de La Coruña.

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