Hoy tocó paseo y sacar al aire -con correa y por primera vez- a mi nueva cámara Olympus Pen F. Tenía ganas de probarla, en vez de hacer las primeras pruebas en casa tirando a la televisión o al jarrón con flores del salón. Estaba realmente intrigado del comportamiento que pudiese tener en la vida real.
No mordió a nadie. Hice unas cuantas fotos callejeras y, al llegar al Orzán, coincidí con la puesta de sol. Le dije a la cámara: «ahí te pillé», a ver qué es lo que haces con gradaciones de tonos. Ella miró con su único ojo, lo guiñó y captó la foto que pongo aquí. Sobresaliente; le daré un hueso.





