Se trata de un paraje inusitado que se encuentra en la senda que va desde Santa Mariña hasta Cabo Vilán. Es una playa en la que sus aguas son cristalinas y de color esmeralda. La playa, a caballo entre los bloques y cantos rodados «coidos», rocas y arena, está flanqueda por un importante campo de dunas. Se trata de un complejo dunar en el que muchas dunas están ya fosilizadas por la vegetación y tiene un carácter fijo: no se desplazan. Es un ecosistema frágil en el que no se debe caminar ya que no hay mayor agente erosivo que el humano.
Al fondo está O Monte Branco (el Monte Blanco) que tiene la mayor duna rampante de toda la Península Ibérica. La arena, por efecto del viento, asciende poco a poco por la ladera y termina por verter por el otro lado hacia la ensenada y puerto de Santa Mariña. Es un ejemplo espectacular de geomorfología y en la asignatura que imparto (Geografía Física) siempre se lo explico a mis alumnos.






