No lo dudó ni un instante. En cuanto se le propuso prologar el catálogo de la exposición «Racionalizando lo irreal» ipso facto se puso a la labor, con tal empeño, que aquella misma tarde de autos ya tenía hecho el prólogo. Algo habló por teléfono de la oveja Dolly y de la Torre de Hércules pero, quien conoce a Paco Pestana, sabe que va uno o dos pasos por delante en su pensamiento y conceptos. Nos pilló «fuera de juego».
Aquí se reproduce íntegro el texto del prólogo. Ni que decir tiene que tanto García de Marina como yo le estamos profundamente agradecidos. Se ha hecho acreedor de una foto en la que nuestros conceptos se apliquen a su persona en justo reconocimiento y admiración.
El espejo marinado
Dolly, la oveja clonada, no era consciente de su desmadre apocalíptico y, a pesar de su fama anecdótica, jamás se le ocurrió soñar con el Nobel de Literatura o con el Cervantes de Alcalá. Pero un encuentro a la vez fortuito y azaroso con un ornitorrinco, al lado de la torre de Hércules, fue lo suficiente para que se enamorara perdidamente. Y de tan inusual coyunda surgió, al lado del faro, una familia vegetal, más bien espurrea, de una planta aborigen bien llamada ella Pepinillo del Diablo, el cual derrama sus untuosas semillas al buen tuntún, ciscándolas a la vaiche boa y al plein air.





