Existe el concepto de que los nombres de los animales proviene del comienzo de las eras bíblicas en las que Adán puso «nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo…». Esto es más o menos cierto para los nombres comunes pero para los animales, y desde el punto de vista científico, hay una comisión internacional encargada de velar del correcto uso y aplicación de los nombres científicos de las especies y de su clasificación. Todo se basa en la denominada «jerarquía linnena» (taxonomía linneana) que estableció Linneo en 1.735 y 1.751, que jerarquiza en diferentes categorías a los seres vivientes (animales y plantas, en un principio); así aparecen los reinos, los filum, … las familias, géneros y especies. Esta clasificación ha sido modificada varias veces en el tiempo incluyendo nuevas categorías y subcategorías.
La aplicación de los nombres científicos, tutelada por la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica (y la correspondiente Botánica), se basa en «el principio de prioridad» según el cual prevalece el nombre dado por primera vez -por un autor- a un taxón (a un organismo).





