Datta Gumaste es un fotógrafo inglés del que ya hice alguna referencia en este blog. Se dedica a la fotografía callejera captando instantes por los lugares por donde viaja o transita. Es un fotógrafo virtuoso en su trabajo lo que le ha llevado a exponer en la Tate Gallery de Londres. Si de algo adolecían las fotos de Datta es que no había un espacio en Internet en el que se pudiese contemplar su obra en conjunto. Desde ahora existe una WEB en la que se pueden contemplar sus magníficas fotos y varios e-photobooks que él mismo ha montado. ¡Bienvenido al mundo digital Datta!
En el pasado tuve un accidente con un disco en el que pasaron al limbo unas 45.000 fotografías. Preocupado por la idea de que tal suceso volviese a ocurrir he configurado un sistema de seguridad en el que todas las fotos y archivos importantes estarán, por duplicado, almacenadas en discos externos. Tengo la costumbre desde hace años de guardar los TIFF derivados del tratamiento de los RAW de las fotos. Esta costumbre es devoradora de espacio en disco por lo que el sistema diseñado me tiene que garantizar suficiente espacio a la vista de algunos años.
El sistema que he adoptado son unidades NAS de dos bahías con diferentes capacidades y usos. El uso de un NAS con dos discos en modo «raid 1» garantiza una imagen especular de un disco en otro por lo que, si se estropea uno, la información al completo permanece en el otro. Se cambia el que ha fallado y el NAS se regenera automáticamente haciendo una copia de la información del disco sobreviviente al nuevo disco.
La configuración que tengo en este momento son dos unidades NAS Western Digital de 6 Tb y 10 Tb. Otro NAS es un Netgear que se dedicará a las funciones domésticas y tiene 4 Tb.
Malo será que me tenga que acordar de los santos en un futuro.
En el año 1973, siendo estudiante en Oviedo, tuve mi primera réflex. Una vetusta e incombustible Zenit E que montaba un objetivo Helios 58mm/2 a rosca (montura M42). La Zenit, de fabricación ucraniana, la adquirí de contrabando -con extremos sofocos- en el puerto franco de Gijón. Era tal que un tanque soviético; pesada, pedestre, obturador de cortinilla, con cinco velocidades y sincronización de flash a 1/30″, incorporaba un fotómetro de selenio. El objetivo Helios era soberbio aunque de construcción digamos que chafardera. En conjunto se podían hacer bastantes cosas con el sistema. Al año de tenerla, ahorrando de clases particulares y obteniendo algún beneficio de trapicheos, adquirí una flamante réflex Konica.
En aquel año, por tanto, fueron mis primeras fotos con un sistema réflex y, de ellas, los dos retratos de arriba. Fueron dos compañeros de piso que estudiaban biología en la Facultad de Ciencias de Oviedo. Nacho, a la izquierda, era también aficionado a la fotografía (de hecho posa con la caja de un tanque de revelado Paterson sobre la mesa). Iba para zoólogo y recuerdo un par de sus magníficas fotografías de fauna que colgaba por el pasillo de la vivienda: un escorpión y una serpiente me vienen a la memoria. También me acuerdo de los cadáveres de organismos innominados que ocupaban la nevera y que conservaba allí para sus cosas.
Ilde, a la derecha, iba para bioquímico. Era muy nervioso, hiperactivo y se pasaba el día delante de sus apuntes. En la foto posa con unas nueces para estar haciendo «algo» más que para comérselas.
Mi amigo, el fotógrafo José Luis Pérez Fernández, tiene una excelente colección de fotos -de la que ya he hablado en varias ocasiones en este blog- que se titula «Espejismos«. La realidad es una ilusión. Las fotos de José Luis me recuerdan las sombras en el fondo de la caverna de Platón, en donde lo chinesco es la realidad para el observador; eso mismo ocurre con sus fotos: son reflexivas, introspectivas, en las que los reflejos urbanos -las imágenes distorsionadas- son las protagonistas. Son visiones a través de un espejo, ilusiones ópticas en las que el autor nos conduce a las fronteras de la irrealidad.
A «Espejismos» le ha tocado renovarse. Donde antes eran 12 fotos a tamaño grande ahora son 25. Toda una colección en la que el mimo y un criterio sobresalientemente formado se cogen de la mano para ofrecernos una visión realmente singular del entorno.
En el año 1978, ahíto de prórrogas por estudios, comencé mi «mili». Me «alegré» un montón al saber que me había tocado Infantería de Marina y las consecuencias que de ello derivaban. Tras el campamento en Cartagena, un curso en Vigo y un destino en Ferrol hice religiosamente mis 18 meses de servicio militar obligatorio. Una bicoca…
Fui teletipista de la Armada (la de las gloriosas derrotas) y radio (cargar con una emisora en la espalda, tal que la PRC-77 de la foto, la de la guerra de Vietnam). Tenía un compañero en la compañía de comunicaciones que los mandos militares consideraban un inadaptado para la vida militar… un singular punto de vista en el que la otra parte más bien opinaba que «estaba hasta los huevos»; ciertamente lo llevaba muy mal. Ahí, en la foto, el hombre filosofa con un pino en una clara pose reflexiva del porqué le ha tocado a él sufrir ésto. No me acuerdo de su nombre pero si de su imagen.