Como un gigantesco reloj de sol la Torre de Hércules va desplazando lentamente su larga sombra. Es el ocaso y faltan pocos minutos para que el sol desaparezca, tras el horizonte, entre el velo de bruma que se está formando. Me encuentro en el parque de Adormideras, en Punta Herminia, justo al lado de la caracola del escultor Moncho Amigo la cual está ensombrecida por la larga proyección de la Torre. Contemplo la corta puesta de sol. Vaya, hoy tampoco hubo rayo verde y ya es hora de volver a casa.
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Un contraluz precioso, en que e blanco y negro aún fantasea sobre un poderoso Hercules batallando.
Gracias Carlos. Ya sabes… instantes mágicos que tú habrías recogido en sales de plata. Un abrazo!!!