En esto de la fotografía y en sus abalorios hay cosas que llegan a sorprender. Tengo una Nikon D800 y -como se suele hacer- leo de vez en cuando literatura sobre ella. Hay multitud de sitios en la WEB donde recomiendan las mejores ópticas para ser empleadas con esta cámara que «devora calidad» en los cristales. Evidentemente los objetivos más recomendados son los más caros que hay en el mercado y que rondan una horquilla entre los 1000 y 1700 euros si se trata de un zoom.
En días pasados hice una visita a Foto Artús, tienda de La Coruña en la que me alimento de material. Allí, en la papelera, había un zoom Sigma 70-210mm/4,5-5,6 listo, en estado comatoso, para ser enviado a la basura. El pobre objetivo tenía una plantación de hongos en la lente frontal. Me lo regalaron y lo pensaba usar de tapa para algún cuerpo de cámara «de colección» que tengo en mi estudio. Desmonté la lente frontal, la limpié y desinfecté y la volví a montar.

Veamos entonces algunas pruebas…
La foto siguiente es un recorte de la original del bodegón que cité antes. Las condiciones en las que obtuve la fotografía fueron usando tres flashes de estudio con sus ventanas (uno para quemar fondo), 1/160″ F:80mm y f:11.

Visto lo anterior me dicidí a hacer alguna prueba más. Elegí las focales más extremas (que suele ser donde pifian las ópticas) de 70 y 210mm. A continuación vemos los resultados «en bruto»…
Primera.- 210mm/5,6
Segunda.- 210mm/8

Tercera.- 70mm/4

Cuarta.- 70mm/8


Como colofón decir que en focales intermedias y a diafragmas de 8 y 11 el rendimiento del objetivo es bueno. También lo es en su extremo inferior (70mm) cuando cerramos el diafragma a 8.
Todos los objetivos tienen un «punto óptimo» y salvo que sean realmente muy malos en sus elementos cristalinos son perfectamente aprovechables para ser usados en alguna situación. Las cosas no son muchas veces lo que parecen y siempre se les puede dar una segunda oportunidad.

