Paco Pestana «in love».

Ni buscando debajo de las piedras de las que él, por mi profesión, tanto me habla, no se encontraría un artista tan genial como Paco Pestana. Su genialidad, su verbo, sus dotes escénicas y otras aptitudes tales como la fantasía imaginativa, casi cuántica, me hacen ver en él un embozo daliniano. Así, con todo su elenco de adjetivos, posó, hoy en Lugo, ante mi cámara. Sostiene en su mano un abanico, pero no es un abanico cualquiera; es un abanico de poesía, de una poeta, ya que lleva escritos en sus láminas unos versos de María Porta. Paco, embelesado, cierra los ojos y se ensueña con el sonido de los versos. De esa guisa, subido a una silla, y al lado de una obra suya, lo capté en el Restaurante Manuel Manuel de Lugo. Al poco descendió y ya fue algo mortal como nosostros. A la tarde tocó el lugar donde estuvo su «patatal», pero eso es otra historia.

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