Nikkor 24 85mm 3,5/4,5 AFS (no VR)

Hace ya bastante tiempo se me pasó la fiebre del 2,8; me refiero a usar objetivos cuya máxima apertura sea ese valor. Está bien que un objetivo sea luminoso pero los tiempos cambian y las cámaras digitales actuales no tienen nada que ver, en funciones, con sus ancestros analógicos. La “luminosidad” la podemos controlar, hoy en día, aumentando el valor ISO ya que la evolución de los sistemas permite usar ISO’s altos sin que el ruido se despeine.

Nikkor-24-85mm

Si, los desenfoques… Está muy claro que determinados tipos de fotografía requieren desenfoques pero, para mi uso normal y habitual, si quiero desenfoques, ya tengo unos objetivos baratos para conseguirlos: un par de 50mm de enfoque manual con aperturas de 1,4 y 1,8. También tengo un Tamron 90mm/2.8 macro. Me llega y me  sobra.

Por mis manos han pasado varios objetivos zoom generalistas de tipo 2,8; los más recientes fueron el Nikkor 24-70/2,8 y el Tamron 24-70/2,8 estabilizado. Ambos son caros, grandes y pesados y ninguno de los dos me aportó nada transcendente, solo la incomodidad  del peso añadido al cuerpo de cámara. Además, pese a la opinión popular, ni el Nikkor ni el Tamron son las bellas del baile ya que tienen “sus cosas”: aberraciones cromáticas, distorsiones, y falta de nitidez en bordes. Concretamente, y como una percepción muy personal, el Nikkor siempre me defraudó; esperaba mucho más de él para el precio que tiene.

nikkor

Dándole vueltas a mi desafecto alternativo de un zoom y otro, y durante bastante tiempo, me preguntaba qué habría por ahí suelto en el mercado que cumpliese la función de ser un zoom para uso general, que a su vez fuese el conocido dicho de “bueno, bonito y barato”. Me encontré dos versiones modernas de un objetivo clásico: el Nikkor 24-85mm/3,5-4,5 con -o sin- VR (sistema de estabilización). El primero, sin estabilizar, ya hace un tiempo que se dejó de fabricar (eso que los eruditos denominan “discontinuado”) y fue sustituido por la versión VR.

Probé el primero ya que quedaba uno nuevo -en estado fosilizado- en la tienda en la que gasto. También leí por aquí y por allá las virtudes y defectos de uno y otro. Me convenció más el no estabilizado por cuatro razones:  a esas focales la estabilización realmente no es necesaria, el comportamiento óptico de una y otra versión es idéntico, me liquidaban “a precio de gallina tuberculosa” el que probé de la tienda y, por último, el hecho de que las soldaduras modernas (como las que tiene la versión VR), en las que no se emplea plomo-estaño, a lo largo del tiempo generan micro filamentos metálicos que cortocircuitan los sistemas electrónicos de la óptica.

Estoy eso que se dice de  “encantado con él”. Es ligero, pequeño, extraordinariamente nítido y, dentro de lo que cabe por el precio, bien construido. Además, pese a ser barato, incorpora montura metálica (aborrezco los que tienen montura de plástico).

Lo siento, no tengo fotos hechas con él más que aquellas que hago en estudio o en sesiones y que no voy a reproducir aquí, De paisaje o arquitectura no tengo ninguna foto ya que no lo saco de paseo -ni a él ni a la cámara- desde hace tiempo. Para uso callejero o de campo uso una Samsung NX2000 con un 16mm (normalmente) o un 20-50mm de kit. Lo que si puedo decir es que tiene distorsiones geométricas (muy fácilmente corregibles en PS) y que sus aberraciones cromáticas están excelentemente controladas. En resumen, considero que es un gran objetivo, barato y de un gran rendimiento óptico.

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