Hace pocos días coincidí con José Luis Busto en la inauguración de la exposición de Francisco Escudero y de María Porta en el «Centro Empresarial do Tambre» de Santiago de Compostela. Allí, tras una animada charla, me hizo recordar unas fotos que le hice en su estudio. Al repasarlas he visto que algunas de ellas estaban sin tratar ni publicar. Como la persona se lo merece, me he decidido a hacer una nueva entrada en el blog dedicada a él.

Tres artistas: José Luis Busto Cousillas con María Leal (dcha.) y Mary Olivares en la inauguración de Francisco Escudero y María Porta.
José Luis Busto es un artista coruñés que se dedica principalmente a la pintura y a la escultura. Repite en este blog y, reconozco, que la definición del personaje que acabo de hacer, es bastante simplista. La descripción de José Luis requiere de un análisis bastante más profundo y de una visión general del entorno que le rodea.
José Luis Busto es una persona dotada de un humor con retranca «a la gallega», condición que no perdió tras sus muchos años de emigración en Uruguay. Es, bajo la perspectiva anterior, un inquisidor de su entorno que todo lo mira y todo lo analiza con detalle bajo un barniz escéptico -de duda razonable- como si se dijese. Se ensimisma en sus pensamientos y no titubea, ante un planteamiento que se le atasca, en preguntar aquello que no sabe o comprende con el único fin del aprendizaje y de alimentación de su espíritu.

Una obra de José Luis Busto. Predominan los segundos planos inmersos en la pintura, como un juego planteado al observador. Inducen un cierto «atormentamiento» del alma en el sentido francés.
Su carácter investigador lo traslada a su obra por medio de la experimentación. Por lo que he observado es más bien -como quizá deba de ser y en contingencia con su duda cartesiana- un empirista más que un racionalista en la vieja concepción filosófica. La percepción sensorial, matizada por su ánimo, es lo que le conduce a su obra.
Unos meses atrás he tenido la fortuna de visitar su estudio y, en él, ver sus trabajos y las herramientas y materiales que emplea. Su espacio, la cueva, es la propia de un artista inquieto: un vorágine de materia acumulada a lo largo de los años. Esa materia, por su mano y pensamiento, se transformará mágicamente en arte.

Otra de las obras de José Luis Busto flanqueada por otros retratos de mirada intensa. En general, la obra del artista posee una intensa carga emocional.

