Hoy tocó león. Un viaje flash destinado a dejar las fotografías para la próxima exposición que tendrá lugar en el Museo de León el próximo viernes 5 de agosto. Ahí me reuní con un viejo y querido amigo: Eduardo, que se asoma en la foto. Recordamos una anécdota que le sucedió a él y a otro amigo común: Juan Carlos, hace muchos años, al ir a tomar una copa en un bar después de comer.
Se trataba del bar Rosma, que ya no existe, en El Espolón leonés. Entraron y pidieron dos copas de coñac. El camarero puso dos copas en la barra, se fue por la botella, la abrió y, al inclinar la botella para verter el coñac, el tapón irrellenable cayó dentro de la primera copa. Mis amigos atónitos contemplaron la escena y el camarero con flema torera soltó: «es que cada día los ponen más flojos». Hay que tener tablas para tener semejante salida y aplomo…
Otro día contaré una historia sobre la transmutación de la materia. Lo del agua en vino de los Evangelios se queda corto.


Aplomo, eso esplomo.
Queda uno aplomado
Si, cayó «a plomo» 🙂