El legado de Man (Camelle)

 

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Manfred Gnädinger. Autorretrato. Museo de Man en Camelle.

Camelle es un pequeño pueblo de la Costa da Morte, cerca de Camariñas. A este pueblo llegó un día de 1962 un alemán que se llamaba Manfred Gnädinger y que, con el tiempo, acabó llamándose Man de Camelle o, simplemente, Man. Artista, bohemio y ermitaño erigió su tabernáculo en un pequeño promontorio lamido por las olas del mar, justo en el inicio del puerto y del actual espigón camellense.

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Puerto de Camelle y entorno

Man se mimetizó con el paisaje del lugar; se integró en él. Hizo que las rocas de Camelle se alzasen como emanaciones pétreas formado esculturas. Dio un orden al caos de los «coidos» del lugar en donde, apilados, dan una imagen de un castillo de hadas, unas construcciones gaudianas.

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Dicen que murió de tristeza a los pocos días del fatal naufragio del Prestige en noviembre de 2002. La Costa da Morte y Camelle se vieron arrasadas por una marea negra. El crudo anegó por completo la costa y, con ella, las esculturas de Man. Man sobrevivió a la marea negra poco más de un mes, falleciendo -tal como él lo era- el 28 de diciembre, día de los inocentes.

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Hace bastantes años vi a Man en su ambiente rodeado por el pleno apogeo de su obra. Hoy en día es desolador verla. Las fuertes galernas que baten en la costa de Camelle arrasaron casi por completo su trabajo. Por si fuera poco, también el vandalismo se cebó en ella. Hoy en día sobrevive una iniciativa que recoge parte de la obra del escultore en un centro-museo que muestra al visitante aquellos aspectos -no petreos- de su obra.

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La fuerza de los temporales ha destrozado la obra de Man. Foto: 21 de agosto de 2016,

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Desconociendo a Man pensaba, en el pasado, que era un personaje caótico. Nada más lejos de la verdad. Como buen alemán era extremadamente metódico. Fruto de ese metodismo existen centenares de cuadernillos que recogen su filosofía, bocetos, ideas, etc.

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Interior del museo dedicado a Man.

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Centenares de cuadernos y cuadernillos recogen el pensamiento de Man.

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Manfred Gnädinger ha sido sin dudas un personaje singular que, como otros muchos, se enamoró de la costa de Galicia. En este momento me viene el recuerdo muy reciente del fallecimiento del pintor japonés Yoshiro Tachibana que llegó a la no muy lejana Muxía en 1974, el día de la fiesta «do Corpiño». Man, por su parte, llegó a Camelle mucho antes, en 1962, pero también lo hizo en día de  fiesta, la del Espíritu Santo. Sin duda fiestas que enamoran.

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