Por allí andaba Fendetestas, deambulaba entre la neblina que se empezaba a formar. Le pregunté por la Santa Compaña y me dijo que nada sabía de ellos, que dado que era día de Todos los Santos por ahí debían estar. Caminé con «el alma atenta» por el bosque y me crucé con la «gente honesta que no desdeña ni el vino nuevo ni las costumbres antiguas». También andaba el cura, y Geraldo. También vi a Rosina y a Mozallón. El bosque ciertamente estaba animado.
Conviene perderse por las fragas de Cecebre y sentir a los protagonistas de la novela del gran Wenceslao Fernández Flórez. Sus personajes siempre están vivos en su querido bosque animado.
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