Es una pequeña historia que relato como agradecimiento a un anónimo perro por su amistad y compañía durante bastantes horas. El lugar de la foto es los Ancares lucenses y el perro un habitante de la aldea de Piornedo, la de las famosas pallozas. Sin más, un amigo yo, nos dispusimos a realizar una caminata desde Piornedo hasta el pico Mustallar. Un paseo agradable a través de un valle precioso. El perro nos vio en Piornedo y se erigió como guía y compañía en el largo paseo. Iba delante marcando todo el camino, reposaba con nosotros y emprendía la marcha -siempre delante- cuando retomábamos el camino. Así hasta el final en el que -tal como merecía- compartimos nuestra comida con él. A la vuelta lo mismo: el perro delante marcando el camino. Si uno se adelantaba se quedaba con el de atrás… Así hasta llegar a unos metros de Piornedo donde el perro debió pensar «aquí estos guiris no se pierden ya…». Desapareció tal como apareció. Debe de ser un perro funcionario del SEPRONA o voluntario de Protección Civil. Así da gusto andar por el monte!!!!
Una historia perruna.
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