Cada vez que voy al faro de Punta Nariga, en las cercanías de Barizo (Malpica) no me resisto a hacerle una nueva foto a su atlante. La escultura de Manuel Coia realmente me gusta mucho y mi dedo índice se desplaza instintivamente al disparador de la cámara. Imperturbable en el paso del tiempo, colgado hacia el vacío, el atlante no se decide a emprender el vuelo sobre el Atlántico. Es posible que quiera permanecer aún ligado a la tierra que le vio nacer.
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