Astilleros en 15 imágenes. Un reportaje.

Galicia tiene una casi milenaria tradición  histórica en la construcción de barcos. Desde naos y galeones hasta los recientes súper-petroleros  y fragatas. En el pasado proliferaban los grandes y pequeños astilleros diseminados a lo largo de la costa gallega pero, la agónica crisis del sector pesquero y la actual situación económica, les han hecho ir desapareciendo poco a poco; unos han visto drásticamente mermada su actividad y otros simplemente han cerrado, quizá para siempre. La flota pesquera y los barcos de recreo son el sostén de los pequeños astilleros que van quedando. Hoy en día más que construir mayormente reparan esas embarcaciones: calafateados, pintura, raspado de fondos, sustitución de maderas del casco o cuadernas, etc… son la actividad diaria de estos astilleros.

Hace unos días, con motivo de una doble exposición que tendremos en la casa consistorial de O Grove, la fotógrafa coruñesa María Porta y yo visitamos los «Astilleros Garrido«, en las inmediaciones del puerto. Fruto de esa visita es el reportaje que viene a continuación.

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«Astilleros Garrido», en O Grove (Pontevedra), es el lugar de este reportaje.

El olor a madera y aceite es lo típico de los astilleros. La gente trabajando con el cepillo carpintero, las sierras y los elementos de soldadura. Abundan las herramientas de todo tipo diseminadas por la amplia nave y, como no, los elementos de madera sobrante de la construcción de piezas.

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La sierra de cinta y las maderas cortadas junto a sus residuos forman parte del paisaje de la nave del astillero.

En el exterior los barcos esperan su turno o están prácticamente listos para ser definitivamente reparados. La madera pulida se encuentra preparada para ser pintada en algunos de ellos. Se reparan los elementos de navegación como es el caso de la foto de debajo: los estabilizadores.

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Barcos listos para ser pintados. Poniendo un estabilizados al barco; tiene que estar en la mar pintado y arreglado en 15 días a partir del momento de la foto.

La propia nave del astillero también es un espacio en el que caben pequeños barcos para ser reparados al abrigo de la intemperie. Un buen sitio para fotografiar distintos elementos: hélices, cabos, cables, boyas, tensores de acero, etc…

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Los nombres: El bautizar un barco tiene su «cosa», No es aquello de la dorna llamada «Remedios» (léase: reme-dios) pero hay ciertamente nombres ingeniosos que llaman la atención. Así, en el astillero había dos barcos que se denominaban «A Meca» y «Caronte». La Meca está en un desierto y desde luego, viajar en un barco llamado Caronte, no me inspiraría mucha confianza. Lo de «A Meca» me sorprendió pero todo tiene su explicación. En palabras de José Alfredo (ver la última foto): «Nada ten que ver co desierto nin tampouco cos arabes… a dorna meca ten ese nome en base de que os do grove chámannos «Mecos» eatugamente sempre se lle poñia nomes de mulleres as embarcacios porque cando pasaban largas estancias no mar .. era unha forma de acordarse de ella e levalas no recordo…»

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Tan importante en un astillero como los barcos son las personas. Normalmente es gente marinera o que vivió en algún momento vinculada al mar. Hay trabajadores propios del astillero, marineros que arreglan sus barcos y viejos lobos de mar que simplemente pasean por el entorno recordando lejanas viejas épocas. Así nos encontramos a Jacobo Rey («O reiciño», pronunciada la «c» como una «s» a la usanza de la zona), un viejo lobo de mar de 94 años. Patrón de pesca y que, en el pasado, tuvo tres barcos. Hoy en día pasea todos los días por el astillero donde -imagino- va a recordar sus vivencias en el mar y ver y tocar con añoranza los barcos que allí se reparan. Historia viva.

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No solo Jacobo visita el astillero, también Guillermo Campos que es otro lobo de mar. El astillero es un imán para su añoranza.

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Antonio Xon, con la cortadora es el encargado de perfilar el estabilizador del barco. Es animado y realmente muy fotogénico.

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Por último «Quisquilla» el alias de José Alfredo Vila García, una persona simpática y con una retranca extrema. Gracias a todos ellos y por la agradable conversación y el haber permitido ser fotografiados. Les deseo una singladura feliz en el momento en que su barco flote ya en el mar y esté listo para faenar. Gracias a todos.

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Foto: María Porta.

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