Al hilo de la entrada anterior del blog sobre alguna de las aves de la Ría do Burgo en La Coruña he reencontrado una foto de una garceta común (Egretta garzetta). Tenía bastantes fotos de este tipo de fauna pero se fueron al garete con un disco duro que feneció hace un mes. Son aves elegantes, parsimoniosas, concentradas en su labor y que rastrean incesantemente el agua somera en busca de alimento. Me agrada verlas y para captarlas en la ría llega con un objetivo que alcance los 300 mm de focal, no como su pariente, la garza real, que es más cauta y se dispone en zonas más alejadas. Las garcetas saben perfectamente que no están al alcance de los paseantes que transitan por el paseo marítimo y se dedican tranquilamente a sus asuntos. Es bonito y relajante contemplarlas.
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Pato al aire…
La Ría do Burgo, la que es aneja a la bahía de La Coruña, es un paraiso para las aves migratorias. En la época de las migraciones es muy frecuente ver fotógrafos de la naturaleza con sus grandes y pesados trípodes y grandes teleobjetivos y los más discetos que hacen «digiscoping» con su camara Evil y un monocular. Los patos son ya endémicos y forman parte del vecindario de la ría (yo también entro en este cupo) pero, a parte de ellos, se pueden observar garzas, garcetas, correlimos, cormoranes, varias especies de gaviotas, cisnes, y otras aves. Si alguna vez me agrada más pasear por el largo paseo marítimo que flanquea la ría es en el mes de septiembre en el que la presencia de alguna de estas aves está en pleno apogeo.
El atlante que quiso volar…
Manfred Gnädinger o el alemán de Camelle.
Nunca tuve claro si Manfred Gnädinger, conocido como Man, era un visionario, un artista o un artista visionario. El caso es que este alemán llegó un buen día de principios de los años 60 a Camelle (Costa da Morte) y ahí se quedó hasta su fallecimiento en diciembre de 2002, un mes después del hundimiento del infame Prestige y de su marea negra. De hecho, la obra de Man en Camelle estaba ubicada en una plataforma rocosa azotada por los temporales y, en este caso, muy afectada por el petroleo derramado. Este hecho quizá tuvo que ver con la sensibilidad del artista y su fallecimiento prácticamente inmediato a la marea negra.
Lo que me ocupa es que la desidia de las administraciones y la poca visión de futuro de una sociedad han hecho que la obra de este singular autor se fuese desmoronando por efecto de los temporales y de la vileza humana. Prácticamente el lugar donde se ubicaban las esculturas de Man está arrasado y, aunque alguna se reconstruyó, no es lo mismo ya que no es el original.
Triste destino para la obra de un alemán que amó Galicia.






