Nunca dejaré de sentir una profunda admiración por aquellas personas en las que la magia brota de sus manos. Ayer domingo me quedé más que sorprendido (maravillado más bien) ante un retrato que me hizo el arquitecto Ramón Álvarez a puro trazado de lápiz. Celebró con él mi n↑(x) fotografía dedicada a su proyecto ANDANTE e incluyó, flanqueando el retrato, dos dibujos de las fotos que le di para el proyecto: la primera (la de la izquierda) y la última (hecha unas horas antes de que publicase el retrato).
Nunca nadie me había dibujado en un papel, salvo en una ocasión: el pintor Juan Fuentes Casal me retrató en un boceto cuando era un recién nacido. Han pasado casi 65 años desde entonces. Gracias Ramón por la sorpresa y por tu magia.







