Se aproxima una nueva exposición. Las fotos en sus marcos ya están listas pero faltan por hacer las cartelas con los títulos. Es una de las cosas que más tedio me da a la hora de completar una exposición. El sistema que empleo es bastante lento y acaba convirtiéndose en aburrido.
Lo más fácil para esta labor es disponer de una impresora de etiquetas, lo cual garantiza un buen acabado. Se usan etiquetas adhesivas, se pegan con cuidado en una cartulina y queda un acabado perfecto. El problema es que una impresora de este tipo es cara y no merece la pena la inversión para tiradas de 20 ó 30 etiquetas de una vez y de pascuas en ramos.





