Hoy por la tarde un vecino me regaló una Polaroid del tipo 600. Según me contó solo había sido usada una vez hasta agotar el cartucho de película que acompañaba la cámara. Realmente tiene un diseño precioso que me recuerda a los edificios de Santiago Calatrava en la ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Ya en «vena», tanto la Polaroid como esos edificios me recuerdan al denominado «cangrejo cacerola» o, más científicamente, al Limulus.
La Polaroid 600 es simple, con solo dos controles: distancia y luz. Utiliza película del tipo «600» que Polaroid dejó de fabricar en 2008. Actualmente el denominado «The impossible project» fabrica varios tipos de película (no muchos) para esta cámara. Si sientes nostalgia por un sistema que nunca debió haber desaparecido siempre tienes una oportunidad.
Recientemente tuve una exposición en Madrid a la que llevé fotografías -cortadas «a sangre»- de un tamaño bastante más grande que el que empleo normalmente; de hecho, alguna tenía 1,20 de lado mayor. Como soporte para las fotos se empleó «pluma» de 1 cm de grosor que, en principio, no debía deformarse pero no ha sido así. Al pasar de Galicia -con sus humedades- al ambiente seco de Castilla el cartón pluma se abarquilló en mayor o menor grado dependiendo del tamaño de las fotos. La deformación no era mucha pero en una exposición las fotos deben y tienen que estar «planchadas». No ha sido el Titanic pero me turbó el hecho cuando vi en directo el montaje en las dos salas de la exposición.
Estas fotos se moverán en un futuro próximo por lo que había que buscar un «algo» digno y lo más económico posible que las enderezase. La solución vino de la mano de Luis Manuel (Luis Manuel Fotógrafo) que tiene su taller y estudio debajo del mío. Justo acababa de recibir unas molduras súper económicas fabricadas en DM, con apariencia de madera, y lacadas en negro mate. La moldura, con sus 2 cm de ancho, tiene la suficiente rigidez como para absorber las tensiones de la deformación y hacer que las fotos queden enderezadas. Además el montaje con flexipuntas en la parte trasera permite que los marcos sean reutilizables, con extrema facilidad, para otras fotos y exposiciones. Una solución realmente digna y eficaz que al precio de 4 euros el metro supera con creces los marcos que se pueden adquirir por el mismo precio en grandes superficies y otras tiendas. El marco para una foto 50×70 sale al público a un precio de 10 euros y con el cristal a un poco más de 15 euros. Una ganga.
Las «flexipuntas» permiten el cambio de foto con extrema facilidad.
Ayer tarde se inauguró la exposición del lucense Xosé Manuel Otero en la Asociación Alexandre Bóveda de La Coruña. El artista fue presentado por el presidente de la asociación Xosé M. Sánchez Rei quien se refirió a la trayectoria fotográfica de Xosé Manuel. Al acto asistió numeroso público tanto de La Coruña como desplazado desde Lugo.
La exposición me sorprendió ya que no tenía constancia del contenido de la misma. De hecho le comenté a Xosé Manuel que la foto usada para anunciar el evento en Facebook me había despistado y mucho…, al no comprender de qué objeto se trataba ni sus cualidades técnicas. Me equivoqué y mucho. Una vez vista en directo la obra y su conjunto todo cobró una nueva dimensión. Xosé Manuel parte del detalle como evidenciador del todo. Son fragmentos en claro oscuros de blanco y negro -en puro analógico- de elementos que no voy a desvelar. Todo un alarde de conceptualidad impreso en sales de plata.
María Porta, a parte de fotógrafa, también es poetisa. No satisfecha con captar imágenes capta letras y palabras que versifica en los palos de los abanicos. Con tanto utensilio ventoso es algo así como «La Martirio» pero en versión abanico en vez de peineta. Me recuerda algo los versos de Gustavo Adolfo Bécquer que dicen:
¿Qué es poesía? --dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
José Luis Busto es pintor con un extenso bagaje cultural en sus manos y en su mente. Gallego, natural de Ponteceso, tiene el deje de la emigración en su acento ya que, con 10 años, emigró a Uruguay regresando a España en los años 80. Nacido en 1939 pertenece a una generación que se forjó a si misma y de la que surgieron grandes artistas. Esto está en conjunción con la creatividad que se plasma en sus obras y que proviene de sus tiempos de la niñez «donde teníamos que realizar nuestros propios juguetes». Integrador de conceptos, descomponedor de imágenes, sus pinceles experimentan con la materia inerte aprovechándola, desmenuzada, para obtener el color y la textura.
José Luis es de trato afable y gran conversador. Con él uno se siente cómodo. Tiene una gran curiosidad por las cosas y el porqué de las mismas. Un espíritu investigador y creador que aceptó ponerse delante del objetivo de mi cámara. Gracias José Luis.