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Niebla.

La niebla es la catarata que se pone en la vista de la Naturaleza. Todo se desperfila, los sentidos se aguzan y los sonidos nos desorientan. Es un velo frio que nos humedece y cubre de pequeñas perlas todo aquello que toca. No es buena compañera y más de uno que anduvo por la montaña lo sabe; al no existir referencias en el paisaje lo más probable es que te pierdas.

Todo se vuelve ignoto. El camino ya conduce a cualquier parte y el entrono te atenaza. Lo mejor es quedarse en tu refugio al abrigo de un techo y de la lumbre.

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Fósil. No tocar.

Estas Navidades me di un paseo por el pequeño pueblo burgalés de Herrán y por su desfiladero. El paraje, agreste, es realmente muy bonito desde el punto de vista paisajístico e, incluso, el histórico ya que por el desfiladero discurría una calzada romana que se adentraba en los territorios de los austrigones (País Vasco en la actualidad).

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Soledades (II)

Mudo testigo del paso del tiempo y veterano de mil avatares solo un rayo lo doblegó. El árbol, entonces, extendió sus brazos al cielo en un grito de agonía cuyo eco aún resuena en el paisaje. El noble vegetal ha quedado enmudecido para siempre y ya, solamente, el viento siseará entre sus descarnadas ramas.

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Ayer tocó León.

León es una ciudad que me atrae y de la que conservo grandes recuerdos y amigos. Ayer, de retorno para casa, tocó hacer parada en la urbe. Desde la Plaza de Santo Domingo, por la Calle Ancha, y siguiendo las huellas en bronce de la caliga romana que hay en su pavimento, llegué a la plaza de la magnificente catedral. El ambiente navideño era intenso en la ciudad y el centro estaba a rebosar de gente. Una vez más no pude resistirme a hacer una foto de la catedral.

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Soledades (I)

La soledad, en su justa dosis, no es mala. Sin caer en la virtud, los paisajes castellanos invitan a esa soledad. Los inmensos campos de labor que, en estas fechas parecen eriales, en breve se tapizarán en el verde que anunciará una nueva cosecha. Puntualmente, aquí y allá, los árboles sobrevivientes a la concentración parcelaria puntean el paisaje. Están solos, pero rompen la soledad y la monotonía del paisaje.

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