Pocas veces me ha sorprendido un espacio expositivo ya que, casi todo, está inventado en la superficie de la Tierra. Se trata del MIHL, un museo interactivo del ayuntamiento de Lugo. Formalmente se denomina «Museo Interactivo de la Historia de Lugo» y tiene la peculiaridad de ser subterráneo.
En un extremo del lucense parque de La Milagrosa se yerguen unos cilindros de hierro que -dicho en buen tono- parecen los depósitos abandonados de una antiguo almacén de hidrocarburos. Nada más lejos de la realidad; son las troneras y conductos de ventilación de un inmenso espacio subterráneo conocido por el acrónimo de MIHL.
Lugo, como es sabido, tiene un inmenso patrimonio de origen castreño y romano. También todo aquello que atesora de los siglos pasados. Por ello me ha extrañado el apellido de «histórico» del museo ya que, por una parte, su factura, tiene la apariencia de un museo de arte contemporáneo y, por otra, está el Museo Provincial de Lugo que se dedica a esas funciones. Más parece que fue diseñado para lo primero y usado para lo segundo.
El MIHL es subterráneo, como dije arriba. Sus espacios internos son inmensos, sobre todo el grandioso auditorio que más bien pude intuir ya que estaba a oscuras. Las salas circulares y su luz están magníficamente diseñadas. La luz natural mezclada con la artificial produce curiosos efectos en los lugares en que ello ocurre.
Fue una visita guiada. La fotógrafa coruñesa María Porta y yo nos acercamos a Lugo con el fin de reunirnos con el escultor Paco Pestana. Él fue el que nos guió hasta el MIHL y el que nos hizo de cicerone por sus salas. Por como se explicaba se notaba que estaba orgulloso de que su ciudad tuviese un espacio como el que nos mostraba. No es para menos.

Al fondo, iluminados, dos de los leones de Sargadelos trasladados a este museo, montan una guardia perpetua.
Coincidimos con una exposición colectiva titulada «Achegando disparidades» en la que intervienen siete autores y, entre ellos, Xosé Manuel Otero, con una muestra de sus magníficas fotografías de puras sales de plata. Por otra parte la obra de Paco Pestana esta presente en varios lugares del museo ya que participa en la exposición colectiva «Contravento e marea«, en la que también intervienen Silverio Rivas, Xurxo Oro y Manuel Patinha, y siempre es grato y neuronalmente vibrante verla.
Una visita que me ha sorprendido gratamente. Solo una cosa: deberían tener un sistema de ventilación-climatización más potente. Hay mucha humedad y bochorno en el interior. Eso no debe de ser bueno para las obras que se exponen.

El lugar del «gran patatal». El espacio donde el año pasado Paco Pestana plantó su campo de patatas.














