Una tienda curiosa.

Ayer tuve que volver a Lugo por motivos de «Andante» acompañando a su prócer Ramón Álvarez. Mis idas y venidas a Lugo se están concentrando de forma alarmante ya que en poco tiempo he estado en esa bella ciudad bastantes veces y aún me quedan para enero un par de visitas más.

De pasar con el coche tenía localizada una tienda innominada en la Rúa Villamil Pintor (en las inmediaciones del Mesón do Forno) que tenía un aspecto bastante singular. Ayer tuve la oportunidad de entrar y visitarla. Es algo que se sale de norma. Peculiar. Estrambótico. Parece la cueva de Alí Babá (sin connotaciones de guantes blancos) en la que a la izquierda despachan pan, cebollas, jamón cocido, etc… y a la derecha es una tienda de lance en la que se apilan televisores viejos, lámparas, instrumentos musicales, relojes, y metralla. Mucha metralla.

Me encantan esos sitios ya que uno no sabe nunca lo que se va a encontrar. Ayer, por ejemplo, compré ahí un cepillo de carpintero «reglamentario» precioso: un Stanley Bailey. Me emociona tener en mis manos la que sin duda fué la herramienta de un artesano con la que confeccionó y arregló infinidad de muebles. Es un pedazo de historia. Es poseer una pequeña porción del alma del viejo carpintero.

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Texto e imágenes © 2007-2022 Román Montesinos, salvo indicación expresa. Todos los derechos reservados. All rights reserved.

Polaroid P

Llevo un par de días en racha. Mi querida zarpa derecha (más bien la izquierda ya que soy de tendencia zurda, todo hay que decirlo) se ha posado en tres artículos «retro» que a cada cual es más bonito. Uno es la Bolex de la entrada anterior de este blog y los otros dos son un magnetofón francés Star del año 1965, del tipo que empleaban los reporteros de prensa, y que tiene una carátula divinamente preciosa y una Polaroid P en estado virginalmente inmaculado. Lo «vintage» me llama mucho la atención bien para colección o bien para su uso en atrezzo.

La Polaroid es para muchos un objeto de culto. Yo no llego a tanto como para canonizarla y ponerla sobre un altar pero me gusta el tener  esos objetos que llenaron una época. Esta Polaroid P es preciosa -diseño en estado puro- y ocupará un lugar digno en mi estudio.

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Paillard Bolex B8

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de conseguir una cámara de cine de la marca Bolex (Paillard Bolex). Fabricadas en Suiza son instrumentos de una precisión mecánica equiparables a las maquinarias de los relojes suizos. La Bolex era un elemento común entre muchos personajes del S XX: según palabras de Jürgen Lossau, en Filmkameras, 2000, Marlene Dietrich, Antoine de Saint Exupéry, Aga Khan, y Ghandi tenían una. Con humildad me uno ya a esa lista…

La Bolex B8, que es la que acabo de adquirir, es una cámara que se empezó a fabricar en 1952 y su producción se extendió hasta 1958. El modelo de la foto es de 1956. Tiene doble portaobjetivos del que, por el momento, solo está ocupado uno. No es nada dificil conseguir otras ópticas que cubran el hueco a precios baratos.

Lo que es realmente precioso es escuchar cuando se dispara el zumbido de la maquinaria de arrastre. Son cosas que se han perdido prácticamente para siempre. Lo digital está bien pero lo analógico era superior en esas «pequeñas» cosas.

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Iglesia de San Froilán (Lugo).

Comentaba en una entrada anterior lo agradable que es pasear por Lugo. También comentaba que la ciudad tiene rincones realmente bonitos, tanto desde el punto de vista fotográfico como simplemente el de recrear la vista y dejar vagar la imaginación en ellos. En la Plaza de Ferrol está esta bella iglesia barroca de San Froilán -patrón de Lugo-, una iglesia de principios del siglo XVII que perteneció a un conjunto del antiguo hospital de San Juan de Dios.

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Rincones de Lugo

Pasear por el centro histórico de Lugo es una delicia. Es una ciudad que conserva todo su antiguo sabor y que tiene una dimensión humana. Lugo no es grande ni pequeño, posee la proporción justa para vivir con calidad. Sus callejas, el empedrado, los edificios, el ambiente… los brillos del agua sobre las losas de granito los días que llueve y el reflejo de las luces. Cada vez que voy a Lugo descubro un nuevo recóndito rincón.

Lugo aún conserva un comercio a la antigua usanza. Ayer descubrí un ultramarinos con todo su sabor y olor añejo. Huele intensamente a bacalao… a hojas de bacalao. El dependiente enfundado en su bata azul, el trasiego de los clientes… Al estilo de la superviviente «Casa Cuenca», en La Coruña, en mi ciudad se han ido perdiendo este tipo de comercios. El último «Aniceto» que estaba en pleno Cantón Pequeño de la ciudad herculina. Lugo es más tradicional y seguro que sabrá conservar y mimar este tipo de comercios.

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