Siendo gallego, como soy, es un placer el haber visitado la que fue la antigua capital del Reino de Galicia: la ciudad portuguesa de Braga. Tras los avatares históricos romanos y medievales, Braga, acabó siendo en la actualidad la capital de un distrito portugués que recibe el mismo nombre.
No me voy a referir en esta entrada del blog a la monumentalidad de Braga. Es una ciudad pujante, histórica, monumental y bonita; con eso llega y sobra para visitarla. Me voy a referir muy brevemente a su pasado histórico romano ya que fue un enclave importantísimo en esa época.

Un sitio espectacular que se debe visitar: la «Fonte do ídolo». De origen probablemente prerromano la permisividad religiosa de los romanos hizo que esa divinidad fuese adoptada por ellos mismos.
Cuando cruzo la frontera por Tui y viajo hacia el sur no dejo nunca de emocionarme en el momento en que cruzo el río Lima (Limia, en castellano). En mis posibilidades he leído lo que he podido sobre la ocupación y presencia romana en la península Ibérica, entre esas lecturas están las imprescindibles citas de Estrabón (España y los Españoles hace dos mil años. Antonio García Bellido), y hay un relato que tengo grabado en la memoria; se trata del de las legiones romanas comandadas por Decio (o Decimo) Junio Bruto en el año 138 a.C. que llegaron por primera vez a orillas del río Lima en su avance hacia el norte. Se quedaron paralizadas de pavor y -amotinándose- no se atrevieron a cruzar el río. El motivo es que por un problema semántico confundieron el nombre del río con el de «Lete«, el río del Olvido que se cruza para llegar al Hades… Enmendado el entuerto al final lo cruzaron y de forma tan animosa que llegaron a Finisterre, en la actual Galicia.

Los romanos no se cortaban un pelo al fabricar objetos cotidianos con clara simbología sexual; en este caso una vasija del museo arqueológico.
Si bien, desde épocas de Decio Junio Bruto los territorios lusos eran una pasarela hacia el norte no es hasta la época de Augusto, en el 19 a.C., en que se funda la ciudad de Bracara Augusta, nombre del que deriva la denominación actual de Braga. En época tan tardía como el final del siglo III, en épocas de Diocleciano, se fundó una nueva provincia denominada Gallaecia con capital en Braga. En el mapa de Diocleciano la Gallaecia quedó integrada por tres conventos: Gallaecia, Bracarensis y Asturicensis. Un vasto territorio con capital «general» en Braga.

Piedras miliarias. No solo nosotros marcamos los puntos quilimétricos en nuestras carreteras. Los romanos en sus calzadas ponían «piedras miliarias» para conocer la distancia. Solían estar encabezadas por el nombre de la vía.
No es de extrañar que, al igual que ocurre en otros asentamientos como Lugo (Lucus Augusti), Astorga (Asturica Augusta), Mérida (Emerita augusta… ver Gladiator) o León (el acantonamiento de la Legio VII Gemina) que en Braga cada vez que se araña el suelo surjan vestigios romanos. Es muy común que cuando se hacen cimientos de casas en estas localidades hay que paralizar las obras debido a nuevos hallazgos arqueológicos. Al tener Braga tanta importancia en el pasado (era capital de una provincia y capital de un convento romanos) los hallazgos dan para montar un museo y más.

Una visión parcial de las termas de Braga. Los ladrillos apilados sostenían un suelo y, entre ellos, circulaba aire caliente.
Braga tiene unas termas con un anfiteatro adosado (en excavación) lo que sin duda, comparando con nuestra época, se trataba de un centro de ocio en la antigua Bracara Augusta. Las termas conservan sus hipocaustos (el sistema de calefacción romano del suelo que aún se usa por Castilla bajo el nombre de «gloria»), sus frigidarios y otras dependencias. También se conservan grandes fragmentos de un mosaico.

Estelas en el museo arqueológico. Podían ser funerarias o conmemorativas. Un legionario que volvía sano de una campaña podía poner una de éstas como agradecimiento a una divinidad.
Efectivamente en Braga hay un museo arqueológico denominado D. Diogo de Sousa en el que se exhiben los tesoros encontrados en la comarca. No solo los de época romana si no también los de las manifestaciones prerromanas a partir de pueblos autóctonos (culturas castreñas).
Es magnífico verse inmerso entre tantos restos arqueológicos: joyas de oro, torques, vasijas, piedras miliarias, estelas, tumbas, etc… que conforman el patrimonio del museo. Muy bien acondicionado y repartido -creo recordar- en cinco salas se puede visitar en no mucho tiempo.
Un viaje por el pasado y los orígenes de la antigua Gallaecia que se debe conocer.

Restos de un friso adornado por vegetales.


