Es el día de hoy en que no dejo de sorprenderme del color y de los efectos de la luz. El que una escena se tiña por un color dominante, cálido en el caso de la foto de debajo, y adquiera una aspecto monocromático es algo exclusivo de un juego de luz muy peculiar. Máxime que lo esperado para el ambiente de la foto habría sido una componente fría tal como una escena de niebla a algún grado bajo cero. El sol, recién amanecido, filtró su color oro en la niebla a través de las minúsculas gotas que agua que hicieron de pequeñas lentes. Una gran parte del paisaje en dirección al sol se cubrió con un mágico manto dorado durante unos pocos instantes de los que únicamente queda ya el recuerdo de la foto.
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Paisaje
Hay dos sitios especiales -bastante distante uno del otro- a los que me gusta acudir para hablar conmigo mismo. Uno es el faro de Punta Nariga, en las inmediaciones de Barizo (Malpica), y otro es el lugar de la foto que acompaña esta entrada: el alto del Monte de Pancorbo (norte de Burgos). Ambos comparten frecuentemente el mar, pero en el último caso se trata del “mar de nubes”. Es un bello paraje en el que constantemente la soledad acompaña a uno y se traduce en instantes de introspección; esos que siempre son necesarios. En Punta Nariga el rugido del viento y el batir de mar, y en Pancorbo solamente el viento, forman exclusivamente el acompañamiento a mis pensamientos.
Un globo, dos globos…
Estos días atrás, en un gélido amanecer burgalés, me cogí el equipo fotográfico y me dirigí a lo alto de los Montes Obarenes, lugar desde donde se contempla un paisaje siempre espectacular. La pista, de unos 8 Km, que conduce a lo alto era todo puro hielo de la intensa escarcha depositada por la noche. Con cuidado y siempre pisando con las ruedas por las zonas de grava, llegué a lo más alto donde hacía una temperatura de -7º C. Mereció la pena ya que había «mar de nubes» en el amplio valle de Miranda de Ebro; la niebla cubría todo el fondo en bastantes kilómetros alrededor. Centrar la vista siempre me lleva un rato, y una vez más o menos calibrada noté dos motas en el cielo… Con la vista empañada por el frío froté los ojos y ahí seguían exactamente en el mismo sitio. ¿Qué es eso?… ¿Avutardas?. No, eran dos globos que se alzaban estáticos sobre el valle de Miranda. La verdad es que me dieron envidia ya que el paisaje que podrían estar contemplado desde ellos tenía que ser magnificente. Habrá que ir pensando en un alquiler de globo, para una «subidita», en otro viaje que haga a la zona…
Nieblas
Niebla es encontrarse con uno mismo: la soledad y el silencio. Es introspección: recuerdo y olvido. Pensar en aquellas cosas que pasaron y comprender porqué otras nunca llegaron ni llegarán. Si penetras en la niebla déjate llevar por sus ensoñaciones. Sus gotas son las lágrimas de los tiempos pasados.
Nieblas
La niebla te convierte en una crisálida. Te amortaja y te adormece en su monotonía. Curiosamente tus sentidos se aguzan y eres capaz de percibir nuevas sensaciones que en principio estaban ocultas: los sonidos, los olores… Los límites indefinidos del entorno nos causan perplejidad y extrañeza al mismo tiempo que nos induce un cierto temor hacia lo desconocido. Muchas veces ese temor se convierte en pavor irracional cuando no hay marcada una senda o las referencias están ausentes. Estás perdido, desorientado… Todo vuelve a la normalidad cuando ella desaparece.





