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Francisco Ibáñez en el Museo del Humor de Fene.

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Uno de los grandes maestros del humor gráfico y de la metáfora es, sin duda, Francisco Ibáñez. Una persona de larga trayectoria que con su genialidad y finísima mordacidad ha entretenido y hecho reír a muchas generaciones. A lo largo de los años ha sido padre de multitud de personajes de ficción que, subconscientemente, se nos han materializado como reales: Doña Urraca, Carpanta, Rompetechos, El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, 13 Rúa del Percebe, etc. etc. hasta los geniales Mortadelo y Filemón. Su habilidad para la metáfora gráfica es proverbial y sus primeros y segundos planos en las viñetas son absolutamente geniales, productos de una mente privilegiada. Sus elefantes, sus perros, ratones y otra cohorte de animales, intervienen desde la puerta trasera en sus historietas y se funden en ellas para recreo de la vista y de la imaginación. Maestro del surrealismo parece beber de Berlanga, Dalí, Gila, y otros artistas fundiendo estilos en un crisol para instrumentalizar un arte propio e inconfundible.

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Hay una oportunidad única para conocer la trayectoria y evolución de Francisco Ibáñez. El Museo del Humor de Fene acoge una gran exposición y explica visualmente su obra. Es una exposición itinerante que se ha expuesto solamente en cinco lugares empezando por el Círculo de las Artes de Madrid y acabando en el Museo del Humor tras lo que se desmembrará.

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Hasta el día 30 de enero se podrá visitar en Fene. No dudes en acercarte para conocer de primera mano la obra de este singular, genial, y prolífico autor.

«Cazando imágenes» – Exposición sobre Miguel Delibes en León.

El fotógrafo Francisco Ontañón acompañó a Miguel Delibes en sus partidas de caza menor en numerosas ocasiones, tomando abundante material gráfico. Parte del mismo sirvió para ilustrar el citado libro y otra parte permaneció inédita. Ese testimonio documental de primer orden, aparte su calidad intrínseca, sirve para conocer el contexto en el que se gestó buena parte de la narrativa de Miguel Delibes y más concretamente la de carácter venatorio. La exposición resulta reveladora también en aspectos sociales, paisajísticos, etnográficos y antropológicos.

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La muestra consta de cuarenta ampliaciones fotográficas realizadas en los años 60 por Ontañón y material complementario asociado a la obra El libro de la caza menor (editorial Destino, 1964) de Miguel Delibes: imágenes en soporte digital, manuscritos, correspondencia, recortes de prensa y equipo cinegético propiedad del autor.

La reproducción ampliada de las fotografías expuestas es de naturaleza analógica a partir de los negativos originales del Archivo de Francisco Ontañón, que guarda la galería arteSonado de La Granja de San Ildefonso. Se trata de copias fotográficas en clorobromuro de plata virado al selenio sobre papel baritado, copias póstumas realizadas expresamente para esta exposición. Otra selección de imágenes, también del archivo de negativos del fotógrafo, se exhibirá y proyectará en soporte digital.

Comisario:Texto: Museo de León. José María Parreño

Coordinación: Fundación Miguel Delibes (Amparo Medina-Bocos y Claudia Schaefergalería arteSonado)

Organización: Fundación Miguel Delibes / Junta de Castilla y León

Texto: Museo de León. 

El entremés del pintor.

Se trata en realidad de materializar una  greguería de Ramón Gómez de la Serna que reza: «En la paleta están servidos los entremeses del pintor«. Para ser fiel a ella tendía que haber puesto varios entremeses y no un entremés, tal como figura en la foto. El motivo de estar hecha así es sencillo: no está el ambiente del arte -en general, ni el de la pintura en particular- para bollos. No hay hambruna pero si hay hambre en el ambiente cultural. Ya vendrán otras épocas…

La paleta es singular. La dejó olvidada en mi estudio una entrañable amiga hace ya bastante tiempo: la pintora Rosa Guisán. Rosa… está a buen recaudo.

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“El entremés del pintor”. © 2016 Román Montesinos. Todos los derechos reservados.

Tiempo: transformando unidades y algo sobre el ajuste de blancos.

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Quien use sistemas digitales para sus fotos y piense que al hacer una foto (sea en JPG o en RAW) queda lista y planchada está bastante equivocado o es que nos intenta vender aquello de que «…yo nada más uso niveles del Photoshop para dejar la foto lista». No, no es el caso, y la foto será previsiblemente un churro.

El la época analógica las emulsiones estaban lo suficientemente calculadas como para que se llevasen a laboratorio y saliese la foto «planchada» prácticamente de forma automática. Eso si, los matices, el color, el grano, la densidad y otros factores dependían de la marca de la película, lo que hace ver que ya -en aquellas épocas- el resultado final era siempre una aproximación a la realidad de la escena. Sigue leyendo