Archivo del Autor: Román Montesinos

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El sepulcro de don Fernán Pérez de Andrade

En Galicia, en los tiempos brumosos medievales, hubo una familia nobiliaria que destacó sobre el resto: los Andrade. En ella, el máximo exponente fue don Fernán Pérez de Andrade quién, además, fue el primero de la familia en alcanzar el título de conde. Apasionado de la caballería y de sus principios, aficionado a la literatura de la época y a la poesía, no cejó en engrandecer su -en principio- pequeño condado. Tuvo a la iglesia como su depósito bancario privado: le daba y le quitaba.  Su símbolo, el jabalí, está presente en muchas construcciones de su época: castillos, puentes, iglesias y monasteríos. Se supone que de él surgió la frase (aunque atribuida a otro) de «no quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor» en la disputa magnicida que mantuvieron el rey Pedro I y su hermanastro Enrique de Trastamara.

Don Fernán reposa en un bello sarcófago, sostenido por dos jabalíes (jabalís, como diría algún parlamentario/a) y custodiado por dos fieles perros, en la iglesia de San Francisco, en la que fue capital de su condado: Betanzos.

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El sepulcro de D. Fernán Pérez de Andrade. «El Andrade», tal como se le conoce vulgarmente.

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Amanecer desde los Montes Obarenes

Los Montes Obarenes, situados al norte de la provincia de Burgos, forman parte de la Cordillera Cantábrica. Desde ellos se domina un amplio paisaje que abarca desde la zona montañosa que se extiende hacia el País Vasco o las extensas llanuras salpicadas de colinas de la comarca de La Bureba. En el paisaje de la foto se observa la continuación de los Montes Obarenes hacia las montañas del extremo norte de La Rioja, en uno de los bellos amaneceres que se pueden contemplar desde esas alturas.

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Ventanuco.

Los ambientes ruinosos son sitios excelentes para captar detalles. Tal ocurre con este ventanuco de una casa abandonada del norte de Burgos. El cristal reventado y lleno de polvo no deja prácticamente entrever el paisaje que hay tras de él. Las astillas, con su textura,  generan un ambiente irreal del que solo unos huecos permiten adivinar de qué se trata.

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