Astuto, lo que se dice astuto, lo es el zorro (o la zorra, sin caer en la discriminación genérica). Me sorprendió, por su título, este librillo de fotografía editado en 1986 por Daimon y cuyo título original es «Je prends des photos«; lo pillé hoy a primera hora de la mañana en un rastro pues siempre se aprende alguna cosa de un libro. Reconozco que el traductor -o la editorial- son astutos ya que el título castellano no tiene nada que ver ni con el original en francés ni con el contenido de libro.
Dejando de lado la astucia de Vulpes vulpes, en general, esa característica es ínnata en nuestro género. No hay un manual ni un aprendizaje para ser astuto sin caer en lo artero. O se nace astuto o se muere uno sin serlo en la vida. Hay otros planteamientos que conducen a cosas parecidas (pero no iguales) tales como la pericia, la habilidad, la maestría, etc…
La astucia fotográfica dependerá de si el fotógrafo, en su vida civil, es astuto o no. Normalmente usamos técnicas para fotografiar «al vuelo» pero no engañamos astutamente con arte de engañar. Por ejemplo, es astuto un timador (gente, que si es de la vieja escuela, tiene mucho mérito y hasta gracia) o un cazador.
Hay en La Coruña un fotógrafo astuto (el único que conozco y reconozco como tal). Se trata de un conocido fotoperiodista que a lo largo de los años he visto actuar varias veces. Cargado con su gran bolsa fotográfica al hombro, y a paso rápido (iba unos pasos por delante de una joven pareja a la que adelantó), en su marcha dejó caer al suelo un objeto y en tres milisegundos, mientras la pareja hacía ademán de agacharse para recogerlo les cascó una foto. Visto y no visto. Eso es una forma de astucia fotográfica.

