Una tienda curiosa.

Ayer tuve que volver a Lugo por motivos de «Andante» acompañando a su prócer Ramón Álvarez. Mis idas y venidas a Lugo se están concentrando de forma alarmante ya que en poco tiempo he estado en esa bella ciudad bastantes veces y aún me quedan para enero un par de visitas más.

De pasar con el coche tenía localizada una tienda innominada en la Rúa Villamil Pintor (en las inmediaciones del Mesón do Forno) que tenía un aspecto bastante singular. Ayer tuve la oportunidad de entrar y visitarla. Es algo que se sale de norma. Peculiar. Estrambótico. Parece la cueva de Alí Babá (sin connotaciones de guantes blancos) en la que a la izquierda despachan pan, cebollas, jamón cocido, etc… y a la derecha es una tienda de lance en la que se apilan televisores viejos, lámparas, instrumentos musicales, relojes, y metralla. Mucha metralla.

Me encantan esos sitios ya que uno no sabe nunca lo que se va a encontrar. Ayer, por ejemplo, compré ahí un cepillo de carpintero «reglamentario» precioso: un Stanley Bailey. Me emociona tener en mis manos la que sin duda fué la herramienta de un artesano con la que confeccionó y arregló infinidad de muebles. Es un pedazo de historia. Es poseer una pequeña porción del alma del viejo carpintero.

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