Mudo testigo del paso del tiempo y veterano de mil avatares solo un rayo lo doblegó. El árbol, entonces, extendió sus brazos al cielo en un grito de agonía cuyo eco aún resuena en el paisaje. El noble vegetal ha quedado enmudecido para siempre y ya, solamente, el viento siseará entre sus descarnadas ramas.
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